El año 1236 es una fecha de vital importancia para nuestra ciudad, marca un antes y un después en nuestra historia. Fernando III el Santo entra en la ciudad, y
da comienzo a un período de tiempo en que la ciudad, y concretamente el Alcázar, será la morada habitual de los monarcas.
Fue Alfonso X el Sabio quien mandó realizar las primeras construcciones que dieron origen a lo que hoy conocemos como el Alcázar de los Reyes Cristianos, sustituyendo a las ya existentes, de herencia árabe. Pero la idea de que el citado edificio sirviera de residencia de los reyes fue idea del biznieto del soberano, el futuro Alfonso XI, quien en 1328 alzó los recios muros y altas torres en la disposición que ha llegado hasta nosotros. Aquí vivió Alfonso XI, conviviendo con su amante, Doña Leonor de Guzmán, madre de Enrique II, que tuvo mucha influencia sobre él: “E otrosi el rrey fiava mucho della, ca todas las cosas que se avien de facer en el rreyno todas pasavan sabiendolo ella, e no de otra manera por
la fianca que el rrey ponia en ella”.
Poco a poco fueron estableciéndose soberanos en el Alcázar, se trataba de un punto estratégico de gran importancia, perfecto para estudiar las tácticas oportunas contra objetivos musulmanes cercanos. Sus jardines, patios y salones fueron testigos de nobles, príncipes y soberanos.
Hacia 1367, durante los enfrentamientos entre el Rey Pedro I y su hermano bastardo Don Enrique, Gonzalo Mexia, quien fuera paladín de éste último, se apoderó de la ciudad, proclamándolo Rey desde la Torre del Homenaje del Alcázar.
En marzo de 1368, Pedro I se alió con el sultán de Granada, Al Ganí Billah, e intentó invadir Córdoba, con escaso éxito, aunque sí logró apoderarse del Alcázar, pero poco duró su estancia allí, ya que la reacción del pueblo no se hizo de esperar.
El Alcázar fue residencia, del entonces Enrique II de Castilla, desde el verano
del año 1371. Lo primero que hizo fue trasladar los restos de su fallecido padre, Alfonso XI, que yacían en Sevilla, hasta la Capilla Real de la Mezquita de Córdoba, deseo expresado por el soberano en su testamento. También residió en el Alcázar el monarca Enrique III, quien fue recibido en loor de multitudes a su llegada en 1395.
El 20 de Mayo de 1455 salió de este Alcázar el Rey Enrique IV El Impotente para casarse con Doña Juana de Portugal. Para tan insigne ceremonia, el edificio fue engalanado e iluminado, celebrándose en él fastuosas fiestas y torneos. Siete años más tarde los monarcas obtuvieron descendencia, era niña, Juana, como su madre, pero sus enemigos políticos la apodaron La Beltraneja.
Texto: J.A.S.C.