El Altar Mayor de la iglesia se encuentra ubicado en el ábside central de la cabecera, pudiendo verse desde prácticamente todos los ángulos del edificio. El
ábside central es poligonal, y está cubierto por una bóveda de crucería gótica, obligando al autor a ceñirse a la disposición de la arquitectura medieval, como sucede en numerosas iglesias de este período en nuestra ciudad.
El Altar es obra del escultor Félix Morales Negrete, un autor del que conocemos pocos datos, sin embargo, sabemos que el retablo fue contratado el año 1732, y que el autor falleció hacia 1740, por lo que la fecha de ejecución rondaría estos años.
De grandes dimensiones, el retablo está realizado en madera posteriormente dorada. Consta de tres cuerpos y tres calles perfectamente diferenciadas, donde las laterales se encuentran en chaflán para adaptarse a la disposición del ábside.
En el primer cuerpo destaca el empleo de la columna salomónica decorada con elementos florales, dividiendo el espacio en tres. Los laterales están ocupados por
dos lienzos dedicados a la vida de San Pedro: San Pedro curando al paralítico y San Pedro saliendo de la cárcel. En el centro, un arco trilobulado da cobijo a una escultura de madera policromada de la Virgen con el Niño.
El segundo cuerpo se desarrolla de forma similar al primero, sin embargo, la columna salomónica da paso al estípite. En el centro encontramos una talla realizada en madera policromada de San Antón o San Antonio el Ermitaño; de pequeño formato, es representado a edad madura y con un cerdo a sus pies, uno de sus atributos más característicos, puesto que es patrono de los animales y los porquerizos entre otros. En el lado izquierdo se halla una escultura del Arcángel San Rafael, presentado de pie, portando la cartela que reza el juramento: Yo te juro por Cristo Crucificado que soy Rafael… con
la otra mano sostiene el pez, su atributo más conocido.
El tercer y último cuerpo es completamente distinto a los anteriores, se ajusta a la cabecera confiriendo una especie de bóveda de cuarto de esfera. Ahora los estípites dan paso a las pilastras, volviendo a dividir el espacio en tres partes. En los laterales ornamentan el espacio dos tondos pictóricos que representan a los Santos Mártires mientras que, en el centro, preside el retablo una Inmaculada Concepción y, sobre ella, una paloma blanca que simboliza al Espíritu Santo.
Los muros laterales del ábside central albergan diferentes lienzos, de los que cabe destacar una Inmaculada Concepción rodeada de ángeles niños; de autor desconocido, se trata de una obra de composición correcta, realizada al gusto de la época. Otro lienzo a destacar es El Nacimiento de Cristo, obra también anónima, que nos presenta una división entre el Mundo Terrenal y el Celestial llevada a cabo mediante un correcto rompimiento de gloria.
Texto: J.A.S.C.