Salimos del barrio del
Alcázar Viejo, el barrio por antonomasia de los patios cordobeses, para acercarnos al entorno de la
Mezquita-Catedral, concretamente

a la
Calle Encarnación, donde accedemos a una de las pocas viviendas que allí habitan. Por un estrecho pasillo accedemos a un patio de pequeñas proporciones, sin embargo, esto no supone un hándicap para éste sino todo lo contrario, ya que imprime gran frescor y colorido a la vivienda.
Volvemos hacia atrás, ya que no nos podemos olvidar de la excepcional cancela de hierro forjado que nos conduce al pórtico de entrada, en forma de L, con arcos de medio punto sobre columnas y pilares pintados en tonos amarillentos. A través de este pórtico se puede acceder a diversas zonas de la vivienda, y a su parte superior, por medio de una estrecha escalera situada a la derecha.
Es complicado penetrar al interior del patio, ya que su ajustado espacio se encuentra completamente cubierto de macetas, todas de tonos verdosos y con diversos tipos de plantas. En el fragmento de suelo que podemos observar descubrimos que está realizado en

enchinado y en sus extremos forma un ribete con piedras de otro color. En el centro se halla una hermosa fuente blanca en forma de venera que nos muestra que, a pesar de su reducido espacio, siempre hay lugar para el agua en cualquier patio.
Todo el alrededor del patio esta cubierto hasta media altura con azulejos que conforman un elegante diseño geométrico realizado a base de tonos azules, y que contrasta con el intenso verde de las plantas y demás colores de las flores del patio. Por otro lado, las ventanas apenas destacan, ya que son de color blanco y cristales verdosos, aunque dotan de armonía a todo el conjunto y proporcionan un mayor protagonismo a la vegetación.
Texto: P.R.M.
Arte, Cultura y Turismo en Córdobaa