Para conocer los orígenes del Museo Arqueológico de Córdoba tenemos que remontarnos a la primera mitad del siglo XIX, fechas en las que el Ministro Juan Álvarez Mendizábal provocara la puesta en circulación de numerosas obras de arte, debido a la desamortización de los bienes de la Iglesia.
En el año 1844 se reunieron todas las obras desamortizadas de los conventos cordobeses y fueron depositadas en el
Museo Provincial de Bellas Artes, conformando la conocida como
“Colección de Antigüedades”. Como parte del
Museo de Bellas Artes, la colección sufrió los diversos traslados de éste, hasta su definitiva ubicación en el antiguo
Hospital de la Caridad, en la
Plaza del Potro, su actual emplazamiento.
No sería hasta el año 1867 cuando naciera oficialmente el
Museo Arqueológico Provincial de Córdoba, sin embargo, compartiría sede con el Museo de Bellas Artes hasta 1920, momento en que se traslada la colección a la Plaza de San Juan de Letrán. Aunque cinco años más tarde el museo se volviera a trasladar, ésta vez a la Calle Samuel de los Santos Gener (que fuera director del museo), en las proximidades de la
Mezquita-Catedral.
En 1960 el museo se asienta definitivamente en el Palacio renacentista de los Páez de Castillejo, siendo declarado dos años más tarde
Monumento Histórico Artístico, tanto el edificio como la colección. Desde entonces, el Museo Arqueológico de Córdoba se ha consolidado como uno de los museos de esta tipología más completos de España, ha incrementado notable y constantemente su patrimonio, y ha dado lugar a numerosas iniciativas tales como la creación de la revista científica
“Corduba Archaeologica”, la construcción de una excepcional biblioteca especializada o la creación del
Servicio de Investigación de Arqueología Urbana.
El
Palacio de los Páez de Castillejo data del siglo XVI, y está asentado sobre las ruinas del antiguo teatro romano de la ciudad, de ahí que una de las salas del museo albergue parte del graderío del mismo. Del palacio, aunque se encuentre muy reformado, cabe destacar los dos grandes patios porticados, trazados por Hernán Ruiz
el Viejo, y entorno a los cuales se desarrollan las diversas estancias del museo. La fachada principal, al igual que la escalera principal fue realizada por Hernán Ruiz II, el Joven, hacia 1540 aproximadamente. Concebida como un arco de triunfo, desarrolla un programa iconográfico destinado a ensalzar a la familia Páez de Castillejo.