El yacimiento de los Baños Árabes del Alcázar Califal, Córdoba

Baños Árabes del Alcázar Califal


        Como su propio nombre indica, éste espléndido baño árabe formó parte, un día, del Alcázar Califal, y posiblemente, como nos narra Miguel Muñoz Vázquez, sirvió de harén del Califa. Sin embargo, no nos han llegado inscripciones de los cronistas árabes, que nos contaran los pormenores de la vida del edificio.
        Sabemos que el Alcázar Califal constaba de cuatro grandes pabellones. Uno de ellos, el más cercano a la Mezquita, que un día sirvió de residencia al Califa, fue donado por Fernando III el Santo al Obispo de Córdoba en 1238. Los tres restantes pabellones se los reservó el monarca, siguiendo los baños en uso casi un siglo más.
        En el año 1328, el Rey Alfonso XI, que recordemos mandó crear un baño para su favorita Doña Leonor de Guzmán en las dependencias del nuevo Alcázar Cristiano, el que hoy conocemos, soterra los baños califales para crear una gran plaza de armas en su lugar, este espacio pasaría a denominarse “Campillo del Rey”. Esta denominación siguió patente hasta que, en 1588, Don Ambrosio de Morales erigiera un monumento en honor de los mártires cristianos, asesinados a manos de musulmanes.
        En 1691, al cavar unas zanjas para cimentar uno de los edificios del Campo Santo de los Mártires salen a la luz, tres siglos después, los restos de los baños. En estos momentos se erigía la vecina Iglesia de San Pedro de Alcántara, templo que se iba financiando, poco a poco, con limosnas donadas por los ciudadanos. Entonces, el director de las obras, Fray Juan de la Encarnación, solicitó al cabildo permiso para sustraer del yacimiento musulmán la piedra necesaria para aligerar las obras de la Iglesia, debido a la lentitud de las mismas, como decimos, por motivos de financiación. La decisión del cabildo no la conocemos, pero sabemos de la pieza por la que se interesó Fray Juan de la Encarnación, la bóveda que cubría una de las estancias, que no se conserva.
        Con la llegada del siglo XX se abre un proceso de constantes excavaciones del edificio y su entorno, eso sí, con distintas finalidades y dispares resultados. En 1903, con motivo de unas obras municipales de ajardinamiento se hallan restos del baño, encargándose la investigación a Don Rafael Ramírez de Arellano. Arellano distingue varios aposentos, realizando un plano de los mismos, a la vez que descubre y analiza varios restos decorativos, y los data de época del Califa al-Hakam II.
        Los baños fueron cubiertos hasta que, en el año 1961, y con motivo de una campaña de excavación destinada a encontrar restos funerarios de época califal, el edificio volvió a aparecer. Esta vez la excavación estaba dirigida por Don Félix Hernández y Don Rafael Castejón, encontrándose los restos exhumados en la excavación anterior de Don Rafael Ramírez de Arellano, pero en este caso se encontraron más estructuras, restos cerámicos y yeserías. El estudio fue más pormenorizado y concienzudo, desembocando, pocos años más tarde, y bajo la dirección de Don Félix, en el proceso de declaración de Bien de Interés Cultural.
        Debido a dificultad de hacer visitable e interpretable el edificio desde el punto de vista del turista, se decidió realizar un plan de musealización que permitiera al visitante comprender no sólo el edificio en su estructura, sino su importancia dentro del mundo islámico. Desde Octubre de 2006 se encuentra abierto al público, bajo el esquema que le hemos mostrado en el apartado Salas de esta misma sección.