Baños Árabes del Alcázar Califal (Baños Califales)

Los autores islámicos de la época suelen citar el número de baños públicos con que cuenta una ciudad para valorar su importancia. Resulta lógico, por tanto, que Córdoba, que fue durante largo tiempo la ciudad más importante y capital política de al-Andalus tuviera un mayor número de baños que otras ciudades andalusíes. Así, en tiempos del califa Abd al-Rahman III (912-961), según el cronista al-Maqqari, existían unos trescientos y, en época de Almanzor (976-1002), se duplicó su número. Un texto conservado, el manuscrito de Tamagrut da para el último cuarto del siglo Xl la cifra, quizá exagerada, de 3.701 baños, y 711 en el siglo XII.

A la hora de estudiar los baños islámicos los historiadores suelen distinguir entre baños emirales, califales, almorávides, almohades, nazaríes o incluso mudéjares, como es el caso de los construidos por el alarife Maese Mohamed para el monarca Alfonso XI en el Alcázar Cristiano.

La cronología de los cinco baños islámicos mejor conservados en Córdoba abarca desde el siglo X al XIV. El primero de ellos, y el más importante, el que nos ocupa, es el situado en la plaza del Campo Santo de los Mártires, de época califal, ordenado construir por al-Hakam II (961-976), y formando parte del alcázar andalusí de Córdoba. Este baño permaneció en uso después del hundimiento del califato, sufriendo importantes reformas que alteraron su forma original en época almorávide (1086-1147) y almohade (1147-1213).

Como su nombre indica, este baño árabe formó parte un día del Alcázar Califal y, posiblemente, como nos narra Miguel Muñoz Vázquez, sirvió de harén del Califa. Sin embargo, no nos han llegado inscripciones de los cronistas árabes, que nos contaran los pormenores de la vida del edificio.

Sabemos que el Alcázar Califal constaba de cuatro grandes pabellones. Uno de ellos, el más cercano a la Mezquita, que un día sirvió de residencia al Califa, fue donado por Fernando III el Santo al Obispo de Córdoba en 1238. Los tres restantes pabellones se los reservó el monarca, siguiendo los baños en uso casi un siglo más.

En el año 1328, el Rey Alfonso XI, que recordemos mandó crear un baño para su favorita Doña Leonor de Guzmán en las dependencias del nuevo Alcázar Cristiano, el que hoy conocemos, soterra los baños califales para crear una gran plaza de armas en su lugar, este espacio pasaría a denominarse “Campillo del Rey”. Esta denominación siguió patente hasta que, en 1588, Don Ambrosio de Morales erigiera un monumento en honor de los mártires cristianos, asesinados a manos de musulmanes.


DESCUBRIMIENTO Y PUESTA EN VALOR

En 1691, al cavar unas zanjas para cimentar uno de los edificios del Campo Santo de los Mártires salen a la luz, tres siglos después, los restos de los baños. En estos momentos se erigía la vecina Iglesia de San Pedro de Alcántara, templo que se iba financiando, poco a poco, con limosnas donadas por los ciudadanos. Entonces, el director de las obras, Fray Juan de la Encarnación, solicitó al cabildo permiso para sustraer del yacimiento musulmán la piedra necesaria para aligerar las obras de la Iglesia, debido a la lentitud de las mismas, como decimos, por motivos de financiación. La decisión del cabildo no la conocemos, pero sabemos de la pieza por la que se interesó Fray Juan de la Encarnación, la bóveda que cubría una de las estancias, que no se conserva.

Con la llegada del siglo XX se abre un proceso de constantes excavaciones del edificio y su entorno, eso sí, con distintas finalidades y dispares resultados. En 1903, con motivo de unas obras municipales de ajardinamiento se hallan restos del baño, encargándose la investigación a Don Rafael Ramírez de Arellano. Arellano distingue varios aposentos, realizando un plano de los mismos, a la vez que descubre y analiza varios restos decorativos, y los data de época del Califa al-Hakam II.

Los baños fueron cubiertos hasta que, en el año 1961, y con motivo de una campaña de excavación destinada a encontrar restos funerarios de época califal, el edificio volvió a aparecer. Esta vez la excavación estaba dirigida por Don Félix Hernández y Don Rafael Castejón, encontrándose los restos exhumados en la excavación anterior de Don Rafael Ramírez de Arellano, pero en este caso se encontraron más estructuras, restos cerámicos y yeserías. El estudio fue más pormenorizado y concienzudo, desembocando, pocos años más tarde, y bajo la dirección de Don Félix, en el proceso de declaración de Bien de Interés Cultural.

Debido a dificultad de hacer visitable e interpretable el edificio desde el punto de vista del turista, se decidió realizar un plan de musealización que permitiera al visitante comprender no sólo el edificio en su estructura, sino su importancia dentro del mundo islámico. Desde Octubre de 2006 se encuentra abierto al público, bajo el esquema que le hemos mostrado en el apartado “Las Salas” de esta misma sección.


LAS SALAS DEL MUSEO

SALA I: Vestíbulo.
Iniciamos nuestra visita al museo en el Vestíbulo de Entrada, lugar donde se nos dará la bienvenida y recibiremos una breve introducción histórica del sitio, realizada por medio de paneles explicativos y maquetas de la ciudad en época califal.
Desde este punto comenzaremos a conocer de primera mano la importancia del baño en el mundo islámico, así como la evolución que experimentó éste a lo largo de los años. Y qué mejor ejemplo que este excepcional baño, que perteneciera al Alcázar Califal de la ciudad.

SALA II: Audiovisuales – [FOTO #1; #2]
La segunda parada de nuestra visita corresponde a la Sala de Audiovisuales, en la que disfrutaremos de una breve proyección que complementará la información que hemos recibido en el vestíbulo de entrada el museo.
La proyección dura poco más de cinco minutos, y aborda la importancia del baño en el mundo musulmán, su origen y evolución. Especial mención destina a la necesidad de conservar este tipo de edificaciones, para poder ponerlas en valor en un futuro, como es el caso que nos ocupa.

SALA III: El baño andalusí – [FOTO #1; #2]
Una vez finalizada la locución pasaremos a una pequeña sala en la que se nos introducirá en el mundo del Baño Andalusí.
Uno de los aspectos más importantes del baño era su ceremonia de purificación, en la que se rezaba a la vez que se iban lavando las distintas partes del cuerpo. Además, el baño no sólo era beneficioso para la higiene corporal, sino que también lo era para la mental, ya que constituía un lugar de divertimento y relación social. Esto lo podemos ver en su arquitectura, recogida, aislada del exterior.

SALA IV: El baño califal – [FOTO #1; #2]
En las siguientes salas se nos explicará cómo estaba constituido el Baño en Época Califal, conoceremos su estructura, sus diferentes dependencias y el ya mencionado ritual de purificación e higiene que se seguía a través de sus salas.
Como podemos apreciar en el plano, el área consta de tres grandes salas: sala de agua fría, templada y caliente, por este orden. La más amplia y decorada, era la sala templada, lugar de encuentro y relajación. La última sala corresponde a la de agua caliente.

SALA V: El jardín andalusí – [FOTO #1; #2]
Tras recorrer las distintas estancias del baño califal retornamos al vestíbulo de entrada, para visitar las estancias del ala occidental del museo. Entonces entramos en la sala dedicada al Jardín Andalusí, la cual se halla presidida por un gran panel que presenta una excepcional reconstrucción de un jardín taifa.
El jardín andalusí pretendía reflejar la idea del paraíso, en cuyo centro solía encontrarse una gran fuente. Factores como la ingeniería hidráulica o la agricultura de regadío fueron muy potenciados en estos momentos.

SALA VI: El baño taifa – [FOTO #1; #2]
La siguiente sala tiene como objetivo mostrarnos la evolución arquitectónica de los baños en época taifa representada en el conocido como Salón de Recepciones. Las principales características constructivas, la posible decoración de este espacio, su funcionalidad política… se representan en entretenidas locuciones de luz y sonido.
De especial interés es la maqueta que se halla en el centro de la sala, que recrea detalladamente las instalaciones del baño que es objeto de nuestra visita.

SALA VII: El baño almohade – [FOTO #1; #2]
En éste penúltimo sector de nuestra visita, conoceremos la última gran ampliación del baño, acaecida en época almohade, y que se encuentra junto al antiguo baño califal y al mencionado salón de recepciones. Junto al antiguo horno, de época califal, se halla la sala de agua caliente, cubierta por bóveda de cañón perforada por lucernas en forma de estrella.
Una locución nos lleva al momento en que el Rey Alfonso IX, supuestamente sentado en la sala templada, solicita al alarife Mohamed construir unos baños en el Alcázar Cristiano.

SALA VIII: Caldera, horno y servicio – [FOTO #1; #2]
Llegamos al último punto de nuestra visita, y concluimos con el sector encargado de mostrarnos el espacio responsable de generar el calor y el agua caliente necesarios para el correcto funcionamiento y mantenimiento de unos baños.
Paneles explicativos ayudados de más locuciones que simulan calor y fuego en la caldera, explican los mecanismos empleados y las partes en que se dividían. Todo estaba estudiado para que la temperatura de las diversas estancias se mantuviera constante.


CONTACTO

Dirección: Plaza Campo Santo de los Mártires s/n. 14004 Córdoba
Teléfono: Tel +34 957 42 01 51 / +34 957 76 02 69 / FAX: +34 957 20 43 33
Bus: Líneas 3 y 16

Horarios:
  • Del 16 de septiembre al 15 de junio
    Martes a Sábados: 8:30 a 19:30 / Domingos y festivos: 9:30 a 14:30.
    Lunes cerrado.
  • Del 16 de junio al 15 de septiembre
    Martes a Sábados: 08:30 – 15:00 / Domingos y festivos: 08:30 – 14:30.
    Lunes cerrado.
Precio:
  • Adultos: 2,50 €.
  • Estudiantes: 1,25 €.
  • Niños de 0 a 13 años: Gratis.

Cómo llegar: Situados a unos 100 metros de la Mezquita-Catedral, los Baños del Alcázar Califal son una visita fundamental para conocer la dilatada historia de nuestra ciudad. Se encuentran ubicados junto a una de las vías más transitadas de la ciudad, el Paseo de la Ribera, llamado así porque acompaña al río Guadalquivir en su paso por Córdoba.