Historia de la Torre de la Calahorra, Córdoba

Torre de la Calahorra - Museo Vivo de Al-Andalus


        Escasos son los estudios que coinciden en el origen de nuestro edificio, si bien, una buena parte de los científicos apuesta por un origen árabe, que con el paso de los años fue reaprovechado sobre la base de una antigua coracha.
        Se piensa que en su origen la Calahorra pudo estar formada por dos torres unidas por un arco. En época de Enrique II de Trastámara, en la segunda mitad del siglo XIV, se ampliaría por medio de una tercera torre creando dos nuevos cilindros, resultando una planta de cruz de tres brazos cortos.
        La torre cuenta con un profundo foso que la rodea como sistema de protección, además de numerosas troneras que en su momento albergaron cañones. En su parte superior, se encuentra rematada por una hilera de merlones piramidales que le confieren un aspecto más rudo y de fortaleza. El resto de la fachada no cuenta con decoración alguna, a excepción de dos finas molduras situadas en el tercio superior.
        El interior de la torre se divide en tres alturas, y está compuesto por un total de 14 estancias de pequeñas proporciones, presentando, como en el exterior, un notable aspecto de fortaleza. Las estancias albergan la exposición permanente dedicada a las tres culturas que habitaron en nuestra ciudad.
        La torre de la Calahorra fue testigo y protagonista a su vez, de la famosa batalla del Campo de la Verdad entre el Rey Pedro I el Cruel y su hermano Enrique II. La ciudad era entonces simpatizante de Enrique II, por lo que fue víctima de las venganzas de Pedro I, quien penetró con sus tropas en la ciudad precisamente por esta torre, ayudado por los Reyes de Granada y Marruecos, a quienes les había prometido grandes recompensas.
        A lo largo de su dilatada historia, la torre de la Calahorra ha cumplido numerosas funciones, ha servido de escuela, de hospital, incluso de cárcel. Es sabido que en el siglo XVIII, nobles cordobeses y soldados extranjeros venidos de Cádiz fueron hechos presos en estas instalaciones. A fines del siglo XVIII, durante el período de tiempo que duró la epidemia de tabardillos en Córdoba, se empleó para albergar a los contagiados, con el fin de evitar su propagación.