Salimos al pasillo desde la biblioteca, un pasillo-distribuidor de cuyos
muros cuelgan obras muy interesantes, como un óleo sobre tabla de Eugenio de Lucas que representa a “La Magdalena”, o un “Prendimiento de Jesús” del pintor cordobés Antonio del Castillo y Saavedra, figura fundamental de la pintura del siglo XVII en nuestra ciudad.
A la derecha se abre una puerta que conduce a una pequeña pinacoteca, conocida actualmente como Sala Brueghel, ya que alberga obras pertenecientes a la escuela de este excepcional pintor flamenco. Son un total de seis óleos, que representan “Los animales camino del arca”, “Alegoría de la guerra”, y una serie de cuatro cuadros denominada “Alegoría de los sentidos”, faltando el tacto. Todos ellos se caracterizan por su cálido colorido, típico de la
escuela flamenca, así como el gusto por lo minucioso. Un contador italiano con marfil, banquetas y una alfombra forman su mobiliario.
A la izquierda, una puerta nos lleva a la Sala Duque de Rivas. De sus paredes cuelgan hasta diez cuadros, tres de ellos firmados por el propio Ángel de Saavedra, el Duque de Rivas, caso de un “Autorretrato”, firmado en Gibraltar en 1824, un “Bodegón” firmado en Orleáns en 1830, o “La Magdalena” firmado en Nápoles en 1846. Algunas obras
han sido atribuidas al Duque, otras son de otros autores de la época. Destacar una gran lámpara de cristal que luce en el salón.
Volvemos al pasillo distribuidor que dejamos para entrar en la Sala Brueghel, donde podremos apreciar un bargueño mudéjar tipo taquillón del siglo XVI, sobre el que encontramos un anónimo “Retrato de Carlos III”. Tras un pequeño escalón podemos contemplar un “San Miguel”, copia de un original de Bartolomé Bermejo, y un excepcional “Ecce Homo” de Luís Morales, apodado “El Divino”, pintor de excepcional técnica que llegó a ser pintor de cámara de Rey Felipe II.
Texto: J.A.S.C.