Antiguamente, todo el personal de palacio que venía de Madrid almorzaba en este salón, de ahí su denominación. El personal de Córdoba comía en otra estancia, ya
que no cabían todos aquí. Por otra parte, el salón era utilizado también por los propios marqueses como comedor privado.
Destacar el escudo de armas orlado de angelotes sobre lienzo del II Marqués de Viana, además de un tapiz bruselense del siglo XVI, denominado “Verdura con animales antitéticos”, que representa a una especie de animal mitad león mitad gamo, que es sorprendido en el gesto de mirar hacia atrás, antes de abrevar en un riachuelo. El tapiz está coronado con el blasón de los príncipes de Arenberg.
El mobiliario es, lógicamente, más austero que en otras dependencias, al igual que el suelo, de modesto ladrillo plano. Al fondo, pegada a la pared, se halla una mesita labrada y, sobre ella, un bargueño que alberga un juego de medidas de estaño inglesas del siglo XVIII. Sobre este conjunto destaca un lienzo del Papa León XI, Alejandro de Médicis, que fuera Papa sólo dieciocho días.
Por otro lado, un total de seis sillas idénticas, datadas en la segunda mitad del siglo XIX, adornan la estancia, se trata de piezas difíciles de encuadrar dentro de
un estilo determinado. Son modelos de fabricación industrial, por lo que la calidad artística no es su factor más destacable. De alargados respaldos decorados con motivos lineales y geométricos, sus patas delanteras son torneadas a la vez que las traseras se arquean levemente hasta conectarse con el citado respaldo.
De la sencilla cubierta de madera suspendida sobre ménsulas, pende una magnífica lámpara holandesa de bronce colado, datada a mediados del siglo XIX. Su tenue luz, así como la rusticidad del mobiliario, confieren a la estancia de un cierto carácter conventual, de paz y reposo, así como una gran sensación de que no han pasado los años por ella.
Texto: J.A.S.C.