Esta pequeña sala de corte neoclásico recibe su nombre de las cinco pinturas murales de marcada inspiración goyesca que decoran sus paredes, y que re
presentan los sentidos, de derecha a izquierda son: el oído, la vista, el tacto, el gusto y el olfato.
Una vistosa alfombra realizada en la Real Fábrica de Tapices cubre casi la totalidad de la habitación, en cuyo centro se haya una pequeña mesa de tablero redondo con quinqué de opalina azul. Sobre ella, colgada del techo abovedado, luce una finísima lámpara baccarat de bronce y cristal. A la derecha de la puerta, una chimenea francesa con espejo y repisa, sobre la que descansan un reloj y dos candelabros de Sèvres.
Lo más llamativo de la estancia es, sin duda, su mobiliario filipino. Formado por un total de veintidós piezas de papier-maché estilo Napoleón III, lacado de negro y decorado con incrustaciones marinas y doradas orlas, que le imprimen un marcado carácter exótico al mismo. No
de menos interés es el juego de sofá y sillones románticos tapizados con la técnica capitoné, variedad del acolchado que fija el relleno con botones cosidos desde el exterior; de elegantes tonos azules, los sillones se hayan en torno a la chimenea y el sofá en la esquina opuesta.
Otras piezas de interés pueden ser los cuatro perros de porcelana dispuestos al fondo de la estancia, junto al biombo dieciochesco decorado con escenas mitológicas, o los abanicos orientales, etc. El conjunto de la habitación, sin embargo, no produce sensación alguna de saturación, debido a la excelente disposición de todos los objetos, a gusto de la Marquesa.
Texto: J.A.S.C.