La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado fue encargada en 1713
por Fray Cristóbal de San Juan Mata al escultor Fernando Díaz Pacheco. Representa el momento en que Jesús, tras ser abandonado por sus discípulos, es capturado y maniatado por los soldados romanos.
Es una imagen de vestir, aunque curiosamente de talla completa, con los brazos articulados y cabellera postiza. De mirada baja, ensimismada, pómulos muy marcados, boca entreabierta, barba tallada muy poblada, confieren a esta imagen de un gran dramatismo y teatralidad.
En la actualidad, el Nazareno procesiona con una túnica de terciopelo morado con bordados en oro, un cordón de hilo de oro en cuello y manos, como testimonio de su cautiverio. Luce un escapulario trinitario en su pecho y, en su cabeza, resaltan tres potencias de plata
dorada.
La imagen de María Santísima de la Amargura fue tallada en el año 1942 por el escultor José Callejón, fue encargada con el objetivo de que acompañara en procesión a Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado. En el año 1966, la imagen sufre una profunda remodelación por parte del imaginero cordobés Juan Martínez Cerrillo, pasando a tener formas más planas y menos redondeadas, incluso se le cambia la dirección de los ojos hacia el frente.
Al igual que el Nazareno se trata de una imagen de vestir de la que solamente están tallados manos y rostro. Rostro ligeramente redondeado y mirada baja, en el que destaca una leve curvatura de las cejas que resalta el gesto de dolor. Una imagen de gran fuerza expresiva y gran devoción en Córdoba.
Texto: J.A.S.C.