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La seda en China

La industria de la seda, estuvo monopolizada por China durante unos 3000 años, debido a que se promulgó un decreto imperial, por el que se castigaba con la pena de muerte, a quien divulgara, fuera del Imperio, los secretos de obtención y fabricación de las preciadas telas de seda. Poco a poco, el secreto se fue perdiendo, llegando a Japón hacia el año 400 d.C., que se convirtió en la primera potencia mundial de la seda, y lo sigue siendo; y de allí pasó a la India, a Persia y a Grecia. A mediados del siglo VI la seda llegó al Imperio Bizantino, que también escondió este secreto algunas décadas hasta que los musulmanes la llevaron a al-Andalus. La cría del gusano de seda y de la morera se introdujeron en al-Andalus hacia el año 740 coincidiendo con las migraciones de tribus sirias en la Vega de Granada, Jaén, Niebla y el Aljarafe, zonas donde las condiciones climáticas favorecieron su cultivo. Al-Andalus fue el primer territorio europeo donde se introdujo la sericultura y, con tal prosperidad, que los tejidos de seda andalusíes fueron apreciados desde fechas muy tempranas tanto en Oriente como en Occidente. Un siglo después ya se habrían formado talleres organizados para producir tejidos de seda, para atender las necesidades de la corte, la gran demanda interna de al-Andalus y el comercio exterior. En la Península Ibérica, los grandes centros textiles de la seda estuvieron ubicados en Córdoba, Sevilla Málaga y Almería.

Sedas andalusíes del siglo XIII

La época califal fue la de mayor esplendor para estas manufacturas. De sus telares salían distintos tipos de tejidos y sus sedas competían con las procedentes de Bagdad y de Bizancio. Eran de exquisita calidad las sedas de los talleres de Sevilla, Zaragoza y, sobre todo, Almería, que en el siglo XII tenía ochocientos telares donde se producían sedas que eran exportadas a todo el mundo. Estos talleres eran conocidos como tiraz, donde tejedores egipcios, junto a tejedores sirios, aportaron una tecnología capaz de producir tejidos que competían en calidad y belleza con los de otras manufacturas orientales. Con las conquistas cristianas, la producción de seda decayó en las grandes urbes y muchos telares pasaron a manos de judeoconversos, que mantuvieron una producción importante en lugares como Murcia, que en el siglo XVII disponía de la mayor industria sedera de la Península Ibérica.

Capullos de seda

Para obtener la seda, se usa un tipo de gusano al que conocemos de forma genérica y familiar como gusano de seda; aunque su nombre científico es Bombyx. El gusano se encierra en un capullo de un hilo finísimo que produce desde su interior, sintetizando el almidón de las hojas de morera blanca recién cortada, que son su alimento habitual y consumen con voracidad.

Cuando está formado cada capullo, y antes de que salga la mariposa de él, se sumergen en agua caliente, sin que llegue a hervir, y se baten suavemente hasta que el hilo se va soltando despacio y se va enrollando en unas aspas como las de un telar. Cada capullo aporta aproximadamente 1.000 metros de hilo. Para hacerse una idea de la cantidad de seda necesaria, podría citar que para confeccionar una camisa harían falta varios cientos de capullos.[magicactionbox id=»11191036″]

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