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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Primera página de Analectes sur l’Histoire et la Littérature des Arabes d’Espagne de al-Maqqari

Uno de los aspectos que más impacta a los visitantes de Medina Azahara es que el yacimiento que conocemos sólo comprende el diez por ciento del territorio que ocupaba la ciudad. El otro noventa enterrado es el que nos genera más intriga y nos hace soñar sobre aquella ciudad que se levantaba hace más de mil años a los pies de la sierra. Hace unos meses, tras una visita a Medina Azahara, una visitante, llena de ilusión, dijo de repente: “entonces es como Egipto, que está todo escondido bajo tierra. ¡Hay mucho por descubrir!”. Visualicé de repente las pirámides y sus cuatro mil años de historia y me pareció osado compararlas con nuestras once hectáreas de yacimiento, pero sí que me atrajo esa emoción curiosa que transmitían sus palabras y la esperanza de que haya aún mucho por descubrir en la falda de la sierra.

En varias entradas de nuestro blog hemos tratado varios aspectos tanto del yacimiento como de elementos que se han encontrado en él o piezas localizadas en otras partes del mundo. Teniendo en cuenta que es más que posible que la inmensa mayoría de nosotros no vea la ciudad recuperada al completo nunca, dejémonos llevar por una vez e imaginemos qué queda por descubrir. Pero no imaginemos a lo loco. Vayamos de la mano de las preciadas crónicas que nos hablan de la vida de aquella época y que, aunque a veces pudieran adornar la realidad, siempre serán un buen punto de partida.

Para empezar, debemos señalar que no por mucho excavar encontraríamos edificaciones cada dos pasos. Parte de la ciudad amurallada se podría haber dedicado a campos de cultivo o directamente a espacios de recreo. Se menciona que desde los jardines del alcázar Alhakén II y su hijo Hisham admiraron los potros traídos de las marismas de Sevilla y Niebla. Y probablemente ese mismo prado fuera lugar de paso para los 130 camellos que llegaron desde Berbería de parte de los Banu Jazar. Y no sólo pequeñas praderas y campos serían los únicos espacios al aire libre en Medina Azahara. Albergaba una musalla, es decir, un oratorio a cielo descubierto donde se congregaba la comunidad para festividades tan importantes como la Fiesta del sacrificio del cordero o para llevar a cabo rogativas en tiempos de carestía y rezar por el fin de la sequía.

En la mayoría de los casos sólo podemos limitarnos a citar dichos espacios, ya que las crónicas no se detienen en describirlos. Así, también sabemos de la existencia de los talleres artesanales o manufacturas reales de donde saldrían piezas de marfil, de plata, o incluso armamento, como arcos, escudos y flechas; o la puerta de la Estatua, la más meridional de todas y una de las principales que se abrían en la muralla, y cuya estatua serviría como figura protectora de la ciudad; o la cárcel, en la que se presentará el poeta Abû Ceniza, enemigo de Alhakén y de Almanzor, que decidió enfrentarse a su crudo destino después de haberse dado a la fuga y ver que no había escapatoria posible.

Cúpula del Salón de Embajadores del alcázar de Sevilla

Cúpula del Salón de Embajadores del alcázar de Sevilla (https://sevillapedia.wikanda.es/wiki/Archivo:Salón_Embajadores.jpg)

Si nos dejamos llevar un poquito más por las crónicas y cerramos los ojos, podríamos visualizar un edificio al que hace mención el cronista al-Maqqari y que posiblemente sea el más sugerente de todos (aunque genere desacuerdos entre los investigadores). Los edificios principales que conocemos de Medina Azahara tienen planta basilical, como la Casa de Yafar, el Edificio basilical superior o el Salón Rico, pero ¿se imaginan que hubiera un edificio aún más importante por descubrir y que no se pareciera a ellos? Estaríamos hablando de la Qubba Yaloussia o Salón de la Perla, un gran salón o pabellón cubierto por una gran cúpula dorada de la que pendía una gran perla, tan grande como un huevo de avestruz, y que habría sido el espacio principal de todo el alcázar.

Un lugar donde había cabida para animales exóticos, plegarias, piezas de artesanía, armas de guerra, talismanes, fugitivos y deslumbrantes salones. Así pudo ser y quizá fue nuestra soñada Medina Azahara.[magicactionbox id=»11191036″]

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