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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Cualquier época del año es un buen momento para visitar Córdoba. Cualquier hora del día es buena para pasear por sus calles. Les animo, en esta entrada del blog, a adentrarse en la noche cordobesa. Cuando el sol comienza a declinar y las farolas se van encendiendo es el momento de echarse a la calle y disfrutar de la ciudad. Son momentos en los que las calles comienzan a vaciarse de tantos y tantos turistas que, tras un largo día, deciden ir a descansar a sus hoteles. Busquen y rebusquen en sus rincones; quizás hayan pasado por alguno de ellos durante el día, pero descubrirán una magia diferente.

Crucen el Puente Romano y, desde el entorno de la torre de la Calahorra, el castillo que lleva defendiendo la cabecera del puente durante los últimos mil años, gírense y disfruten con la preciosa perspectiva del entorno monumental de la ciudad. A sus pies, el bimilenario puente y, ante sus ojos, el entorno monumental de la Mezquita-Catedral y la Puerta del Triunfo. Un contraste entre la oscuridad de la noche y los tonos amarillentos de la iluminación.

Puente, río y Mezquita Catedral. Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Puente_sobre_el_Guadalquivir_de_noche_con_la_Mezquita_de_C%C3%B3rdoba_iluminada_al_fondo.jpg

Puente, río y Mezquita Catedral.
Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Puente_sobre_el_Guadalquivir_de_noche_con_la_Mezquita_de_C%C3%B3rdoba_iluminada_al_fondo.jpg

Conforme uno se va adentrando en la ciudad, comienza a oscurecerse el entorno. El Campo Santo de los Mártires, la plaza que hay frente al Alcázar, son unos preciosos jardines en los que poder oler el azahar y disfrutar del frescor de la zona. Además, hay un rincón pensado en los enamorados. Si viajan en pareja, búsquenlo.

Cuando uno cruza el arco y se adentra en la judería, parece que acaba de retroceder quinientos años. Suelos empedrados, tenue iluminación y callejuelas que nos llevan al barrio judío de la ciudad. No son muy transitadas por la noche así que aprovechen la ocasión para empaparse del alma de Córdoba. Ah, y visiten a Maimónides; les espera en la plazuela de Tiberiades.

No son éstas las únicas callejuelas por las que les recomiendo deambular. Busquen estas tres: Hoguera, Pañuelo y Flores. Sobriedad, macetas y soledad y rumor de fuente serán sus acompañantes. Son algunos de los rincones más abarrotados durante el día, por lo que pueden aprovechar para hacer esa fotografía que dejaron de hacer por la afluencia de gente.

Los alrededores de la calle San Fernando (conocida entre los cordobeses como “de la Feria” porque allí tenían lugar las ferias de ganado) esconden rincones extraordinarios. El entorno tan misterioso de la calle Cabezas desemboca en el Portillo, una puerta medieval que cruzaba la muralla para unir el barrio de la Villa y el de la Axerquía. Muy relacionadas con el mundo ganadero y comercial son la plaza del Potro y las calles aledañas: Lineros, Armas, Mucho Trigo, Gragea, Candelaria o Carlos Rubio. Fueron, en su momento, algunos de los lugares más transitados de la ciudad, repletos de mesones, posadas, mancebías y gente de todo el mundo en el que fuera centro comercial cordobés durante los últimos siglos medievales e inicios de la edad Moderna. La iglesia de San Francisco y el claustro de su antiguo monasterio son un ejemplo claro del destacado papel que ha jugado la Iglesia en el desarrollo urbanístico de la ciudad.

Centro comercial a finales de la Modernidad y zona de ocio en la actualidad, la plaza de la Corredera ha sabido adaptarse a los tiempos. Si hacen este paseo nocturno entre semana, muy posiblemente se encuentren ante una enorme plaza porticada vacía en la que disfrutar del silencio. Si van en fin de semana, tendrán unas cuantas terrazas que son punto de encuentro de jóvenes y veteranos para tomar algo al frescor de la noche.

Plaza de la Corredera. Imagen: https://www.flickr.com/photos/tonicastillo/579801081

Plaza de la Corredera.
Imagen: https://www.flickr.com/photos/tonicastillo/579801081

La plaza del Cristo de los Faroles supone uno de los lugares de mayor recogimiento al caer el sol. Un espacio sobrio, al que abre el convento de los Capuchinos y el Hospital de San Jacinto, en cuya iglesia descansa la Virgen de los Dolores, en cuyo centro se levanta la imponente imagen del Cristo de los Desagravios y de la Misericordia. Muy cerca se encuentra la iglesia de Santa Marina, uno de los templos fernandinos que presenta una cuidada iluminación nocturna.

El Cristo de los Faroles, en la plaza de Capuchinos. Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:El_cristo_de_los_faroles.jpg

El Cristo de los Faroles, en la plaza de Capuchinos.
Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:El_cristo_de_los_faroles.jpg

Y si ya se han empapado demasiado de sobriedad, oscuridad y tradición y quieren volver a la contemporaneidad, vayan a la plaza de las Tendillas. Es éste el centro de la ciudad actual, donde confluyen calles comerciales, anchas y bien iluminadas. Un contraste, en unos pocos metros, que solo se consigue en ciudades como Córdoba. Como ven Córdoba de noche tiene mucho que ofrecerles.

Espectacular, la iglesia de Santa Marina en la noche cordobesa. Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Santa_Marina_de_noche_-_C%C3%B3rdoba_%28Espa%C3%B1a%29.jpg

Espectacular, la iglesia de Santa Marina en la noche cordobesa.
Imagen: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Santa_Marina_de_noche_-_C%C3%B3rdoba_%28Espa%C3%B1a%29.jpg

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