Arte en Córdoba

Guías expertos e historiadores

Entrada al recinto incluida en el precio

Mejor valorado en guías

«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Cuando Abd al Rahman III se convirtió en califa de al Andalus tenía muy claro que quería dejar su sello en la Historia; que su legado le sucediera durante siglos… Pero, sobre todo, ansiaba demostrar su poder.

La ciudad palatina de Medina Azahara fue, sin lugar a dudas, la joya de su corona. Al margen de leyendas, la idea era crear un lugar que le sirviera para manifestar su poder en toda su majestuosidad. Según las crónicas musulmanas fue una obra colosal en la que, unos 10.000 hombres, colocaban 6.000 piedras ya talladas a diario; donde se utilizaron los materiales más exclusivos y a la que arribaron los más afamados arquitectos y artistas venidos de Bagdad o Constantinopla. Nada se dejó al azar en el diseño, construcción y decoración; lo mejor de lo mejor para impresionar a los propios andalusíes y, sobre todo, a las embajadas extranjeras.

Panorámica del alcázar de Medina Azahara desde la muralla.
Fuente: commons.wikimedia.org / Autor: José Luis (Jbribeiro1)

La entrada oficial o protocolaria a la zona noble de Medina Azahara, el alcázar, se hacía por el llamado “Pórtico Oriental”, un enorme conjunto urbanístico frente a una gran plaza, precediendo a una rampa que llevaba directamente al  primer salón de recepciones. Debemos entender este complejo no de forma individualizada, sino en conjunto: cada elemento, unido con el anterior, formaba un espacio con un doble propósito, obtener del visitante admiración y temor.

Las embajadas extranjeras que iban a ser recibidas por el Califa, entraban a la ciudad por el sur, desde el camino que corría paralelo al Guadalquivir, y llegaban a una gran plaza abierta. El espacio servía para las paradas del ejército y para mostrar el poderío militar del califato a los recién llegados. Para acceder al alcázar había que cruzar un enorme pórtico formado por quince arcos (el central de herradura y los demás escarzanos) en los que se alternaban, como en la aljama cordobesa, dovelas de piedra y ladrillo. Sobre el pórtico, una gran terraza con un mirador sobre el arco central. Sin lugar a dudas, la altura y las dimensiones de tal construcción debió dejar boquiabiertas a las legaciones que llegaban desde los reinos cristianos del norte.  Para llegar al gran salón donde serían recibidos por primera vez, las embajadas debían ascender, a caballo, a través de una calle en rampa. Este acceso, pavimentado con caliza y piedra local, contaba con poyetes a ambos lados y con una serie de puertas que cerraban el espacio. Es muy importante tener en cuenta que las fuentes escritas y los hallazgos arqueológicos confirman que este acceso no se encontraba al aire libre sino cubierto con una bóveda de piedra de medio cañón. Al acabar este recorrido se llegaba a una nueva plaza que precedía al llamado “salón basilical superior”, donde serían recibidos por el cuerpo administrativo, militar y protocolario del Califato Omeya de al Andalus.

El pórtico oriental en la actualidad

 

Calle en rampa.

La arquitectura, el diseño y la decoración eran, por si mismos, tan extraordinarios que dejaban sin palabras a todo aquel que llegara al lugar. Había que sumarle una cuidada puesta en escena en la que todo el recorrido estaba flanqueado por guardias armados, ofreciendo una contundente imagen de marcialidad. Para terminar, entraban en juego aspectos mucho más sutiles como los colores, los olores y, sobre todo, la luz. Plaza, pórtico y rampa creaban unos contrastes de luces y sombras que atemorizaban al visitante más valiente. De la luz cegadora del gran espacio abierto, se pasaba a la oscuridad del cerrado pasillo en rampa, donde se abrían y cerraban las puertas al paso de las comitivas, dejando a ambos lados filas de guardias armados; para terminar, el resplandor de la gran plaza superior.

Luz y oscuridad; admiración y temor. Como pueden comprobar, nada se dejó al azar en este imponente complejo palatino. Sin lugar a dudas, reyes cristianos como Ordoño IV de León debieron de quedar impresionados con un lugar que estaba destinado a convertirse en leyenda: Medina Azahara, la “ciudad brillante”, el lugar donde el poder del Califa Omeya de al Andalus se hacía patente.

Restitución virtual del alcázar de Medina Azahara.
Imagen: https://terraeantiqvae.blogia.com/upload/externo-0af94ab03f8f625ab42e4839382c3310.jpg

[magicactionbox id=»11191036″]

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Más info

aceptar