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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Para finalizar el capítulo de los géneros teatrales durante el Imperio Romano, hoy nos centraremos en dos de ellos que tuvieron una gran acogida y aceptación por parte del público de la época. Nos referimos a:

El Mimo, que se introdujo en el siglo I a.C. en Roma. Desde el punto de vista etimológico, la palabra proviene del término mima, que con el paso del tiempo se transformó en sinónimo de meretrix. Fue uno de los géneros teatrales de más éxito y por lo tanto, el preferido por el pueblo, pero esto ¿a qué se debe?. A diferencia de géneros más cultos o nobles como la Comedia o la Tragedia, el Mimo consistía en un espectáculo de corta duración, con una acción trepidante, sin descanso o interrupciones y con unos argumentos cómicos acompañados por música, danza y cantos. Los actores salían al escenario sin máscaras y los personajes femeninos eran interpretados por mujeres que al final de las representaciones realizaban lo que se conocía como la nudatio mimarum, es decir, se desnudaban.

Escena de mimo. Casa de los Gladiadores. Pompeya

En un primer momento, los mimos se representaron en escenarios portátiles y cuando  se convierten en intermedios o finales de las grandes obras teatrales, es cuando ya se representan en teatros de piedra. Los argumentos solían tratar temas mitológicos, escenas de la vida cotidiana, parodias de tragedias y comedias, incluso se llegaron a representar mimos pornográficos con la consecuente amonestación de los doctores de la Iglesia. Con la llegada del Cristianismo, los mimos llegaron a parodiar ritos cristianos como el bautismo o el sacrificio de los mártires. Destacan dos mimógrafos, Décimo Labelio y Publilio Siro, que introdujeron carácter moral a este género teatral, llegando a escribir textos del gusto de Séneca.

El otro género teatral es el Pantomimo, que consistía en que un bailarín, llamado pantomimo, sin hablar, realizaba las representaciones teatrales usando únicamente la gestualidad del cuerpo y de las manos, ayudándose de la danza y de máscaras con la boca cerrada. Conocemos que existieron también bailarinas, algunas de gran fama como Leppin, y actores que llegaron a tener la protección de emperadores como Paris, que fue el maestro de Nerón, o Pilades, el favorito de Trajano.

Relieve de Trier, con pantomimo y máscaras. Berlín.

Relieve de Trier, con pantomimo y máscaras. Berlín.

Durante el espectáculo, y al igual que en el Mimo, el actor estaba acompañado por la música, donde una orquesta interpretaba temas musicales con instrumentos como tímpanos, crótalos, aulos, cítaras o scabellum. El coro cantaba el texto de la conocida fabula saltica (libreto de danza), y autores como Lucano con obras como Atreo y Tiestes, Niobe o Ajax trataron este género literario.

Conocemos todas estas características, gracias al Alcestis Barcininonensis, un papiro del siglo IV d. C. que ha conservado el texto de un pantomimo y que fue representado en la Facultad de Letras de la Universidad de Florencia en el año 1999.

Al igual que el Mimo, este género era de corta duración, con  una acción intensa que no permitía el aburrimiento del público, todo ello acompañado por música. Parece ser que estas características son las que encumbraron al éxito a ambos géneros teatrales llegando incluso a sustituir a los géneros clásicos de la tragedia y la comedia.

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