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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Nacido entorno al año 939 de nuestra era en la Cora de Málaga, Abu Amir, comúnmente conocido como Almanzor o al-Mansuur, fue sin duda alguna uno de los personajes clave de la historia del Califato de Córdoba.

De orígenes árabes, marchó pronto a Córdoba para iniciar sus estudios, donde, gracias al apoyo recibido por Subh, esposa de Alhaken II y madre de su segundo hijo, Hisham II, protagonizó una rápida ascensión a través de la estructura del estado, que le llevaron a encontrarse en una posición de poder a la muerte de Alhaken II en el año 976, siendo desde ese momento el «gran titiritero». Es entonces cuando orquesta la grandes tribulaciones que llevaron, primero, a la proclamación de Hisham II como califa y a la ejecución de al-Mughira, hermano de Alhaken y legítimo heredero del trono, y posteriormente, a la organización de un sistema bicéfalo de regencia que él mismo destruiría al proclamarse, en el año 981, protector del estado.

Retrato idealizado de Almanzor realizado por Francisco de Zurbarán

Durante su gobierno, entre otros, se emprende la última ampliación de la alhama Cordobesa, el abandono de Medinat al-Zahra en favor de la corte cordobesa y su posterior traslado a Madinat al-Zahira, donde erigió su propia corte a semejanza de lo hecho por Abderramán III en la primera mitad del siglo X, vinculando a su hijo mayor,  Abd al-Malik al-Muzaffar, al gobierno.

Su gobierno llevó el terror a los reinos cristianos del norte y la extensión de al-Andalus a su máximo apogeo desde el siglo VIII, gracias a su política de saqueos, presenció la reconquista de espacios en el Magreb que había estado en disputa con el califato fatimí, y la reanudación del ansiado minera áureo para saciar las cuentas del estado, pero todo en esta vida, incluso el propio Almazor, tiene un final.

Extensión peninsular del califato durante la regencia de Almanzor

Tal día como hoy, 10 de agosto, del año 1002, después de haber saqueado la ciudad de Zamora, Almazor morirá, enfermo a los 65 años de edad en Medinaceli.

Pero, al fin, la divina piedad se compadeció de tanta ruina y permitió alzar cabeza a los cristianos pues, en el año decimotercero de su reino, después de muchas y horribles matanzas de cristianos, fue arrebatado en Medinaceli, gran ciudad, por el demonio, que le había poseído en vida, y sepultado en el infierno.

-Crónica silense

Sucediéndole, tal y como él había ordenado, su hijo mayor, al-Malik, que morirá envenenado en el año 1009, la muerte del mismo, que marca el fin de la dinastía amirí que al-Mansuur había comenzado. Dicho fallecimiento deja claro que, aunque siempre trataron de que su gobierno pareciese surgido de la voluntad del califa y mostrar gran respeto por la familia Omeya, la población de Madinat Qurtuba nunca dejó de percibirles como usurpadores, cuando en abril del mismo año, la gente de Córdoba se lanzó al saqueo y expolio de su ciudad palatina, Madinat al-Zahira.

Localización aproximada de la dos ciudades palatinas respecto a Córdoba

Aquella gran ciudad palatina que desafió a la mismísima Medina de Abderramán III quedó totalmente destruida en cuestión de días como castigo por el cautiverio de Hisham II… castigo que nadie se atrevió a ejecutar en vida de Almanzor, y que no llegó hasta que hubieron muerto sus dos hijos.
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