Arte en Córdoba

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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

En la entrada de hoy echaremos la vista atrás para hablar de otro personaje importante nacido en la ciudad de Córdoba, pero esta vez no será a través del recordatorio de un homenaje que su ciudad natal le brinda, si no por un hecho de diferente naturaleza. En este caso se trata de unas salas inauguradas en el Museo de Bellas Artes de nuestra ciudad, dedicadas a este insigne artista. Hablamos, nada más y nada menos, de Don Mateo Inurria Lainosa. Sera tal día como hoy pero del año 1943, es decir, hace setenta y cinco años, cuando se inauguran las salas antes nombradas. Con motivo de este aniversario me voy a permitir recordar su trayectoria artística en las siguientes líneas.

Mateo Inurria nació en Córdoba el 25 de marzo de 1867, hijo de Mateo Inurria Uriarte. Sera aquí donde reciba su formación y donde también desarrollara una buena parte de sus actividades como escultor, además de profesor, restaurador y decorador. Hasta 1883, es decir, cuando contaba con dieciséis años de edad, estuvo asistiendo a los cursos de la Escuela Provincial de Bellas Artes. En ella se formaron personajes tan ilustres como los hermanos Julio y Rafael Romero de Torres.

En los dos años siguientes se marchará a Madrid donde se formara en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Ya que hace grandes progresos en su formación en Madrid, la Diputación Provincial de Córdoba le da una ayuda económica para poder continuar estudiando en Madrid hasta 1890. Ese mismo año, cuando tenía veintitrés años, presentara en la Exposición Nacional de Bellas Artes su obra titulada “Un Náufrago” la cual dará origen a una de las leyendas más famosas unidas a este artista. Algunos miembros del jurado extendieron la creencia, falsa y malintencionada, de que su obra era un vaciado al natural, dado el realismo de la misma, para así perjudicarle.

«Un Naufrago» obra de mateo inurria

Entre 1891 y 1901, el artista se sumerge en un ambiente más provinciano, cerrado a crítica y público, lo que provoca que se vuelque hacia su faceta de restaurador y profesor. En este momento de su vida, su escultura supera el academicismo imperante y busca más un naturalismo de carácter sobrio y sencillo. En este naturalismo podemos encontrar ya el deseo de idealizar a sus modelos, algo que se verá también en su obra de madurez. El artista siempre se describió a sí mismo como autodidacta, es más, la mejor frase que define esta parte de su personalidad artística es la que el mismo llegó a decir en repetidas ocasiones “No he tenido maestro, me he hecho solo”.

Otras de las características que marcan su producción artística será que se centrará especialmente en la escultura religiosa y conmemorativa, homenajeando tanto en sus obras realizadas en Córdoba, como las llevadas a cabo en Madrid, celebridades de la vida nacional. Aunque también es cierto que no muchas de estas obras llegan a llevarse a cabo.

Para él, su vocación de profesor tiene un gran valor. Mateo Inurria cree verdaderamente que la enseñanza tiene la capacidad de contribuir a la mejora del individuo y de la sociedad en multitud de aspectos distintos. Ello le llevará a ejercer como catedrático de Modelado de la Figura y Dibujo del Antiguo en la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Córdoba. Además, en 1901, recibirá el cargo de director de la Escuela Superior de Artes Industriales de Córdoba. Ello le permitirá realizar programaciones para los trabajos de las escuelas-taller, centrados en platería, guadamecíes, herrería y carpintería entre otras áreas.

En su producción artística, podemos encontrar algunas obras centradas en la denuncia social, tales como “La mina de carbón” entre otras. Además llevara a cabo una serie de diseños y decoraciones de influencia modernista para la biblioteca del Circulo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario de Córdoba, donde ingresara en el año 1900.

El otro gran evento que marcará su vida, será la llegada a Córdoba, en el año 1905, del escultor Rodin. Este vendrá acompañado de Ignacio Zuloaga y Mateo Inurria, aparte de conocerle personalmente, será el que se encargue de enseñarles la ciudad a ambos. A partir de este momento, el artista comenzará a participar de manera regular en los jurados de la sección de escultura de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Madrid.

En 1911, cuando tenía cuarenta y cuatro años de edad, es nombrado profesor de término de Modelado y Vaciado en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. Esto provoca en él un nuevo deseo de producir esculturas salidas de su mano.

En ese momento de su vida, al residir en Madrid, le es posible estar más cerca del mundo cultural y artístico del momento, lo que provoca un mayor reconocimiento para su producción. En este momento el tema que focalizara toda su atención será el desnudo femenino. Su acercamiento a él buscara la perfección formal, mezclando la sobriedad y la idealización con el erotismo y la sensualidad a partes iguales. Unos claro ejemplos de esa visión será sus obras siguientes: “Ídolo eterno”, “Deseo”, “La parra” y “Forma”. Estas dos últimas forman parte en este momento de la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.[magicactionbox id=»11191036″]

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