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Inés vivió en Roma, hija de familia noble, a finales del siglo III o principios del IV. Tuvo varios pretendientes, a los cuales siempre rechazaba. Uno de ellos, desairado, la denunció por ser cristiana. Por ello, fue encerrada en un prostíbulo, donde los milagros se sucedían para mantenerla segura, hasta que finalmente fue condenada a muerte.

Tenida como una de las mártires más destacadas por la iglesia católica, celebran su fiesta el 21 de enero. Es curioso que esta santa cuenta con una segunda fiesta, apenas días después. Es el 28 de enero, y es por eso que hoy dedicamos nuestro artículo a la capilla que esta santa tiene dedicada en la Mezquita-Catedral de Córdoba.

La capilla se sitúa en el muro sur, en la ampliación realizada por al-Hakam I durante la segunda mitad del siglo X, a continuación de la capilla del Cardenal Salazar

Plano de la Mezquita Catedral. En rojo, la capilla de Santa Inés

Plano de la Mezquita Catedral. En rojo, la capilla de Santa Inés; en verde, la del Cardenal Salazar; en morado, la maqsura y mihrab de al-Hakam II.
Fuente: Artencordoba

La capilla fue fundada por Castro Per Alonso en la segunda mitad del siglo XIV, y refundada a finales del siglo siguiente. No tenemos datos concretos de sus configuración original o decoración, salvo que la reja que lo cerraba se realizó entre finales del XVI y principios del XVII, con diseño de Hernán Ruiz III. Hernán Ruiz III es el último de una dinastía de arquitectos que trabajaron en las obras de la catedral. Su abuelo, Hernán Ruiz I, también llamado el Viejo, fue quien inicia la sobras y crea el diseño. Su padre, Hernán Ruiz II –también llamado el Joven–  además de maestro mayor de la Catedral de Córdoba, lo fue también de la de Sevilla. Al tercero de ellos, este Hernán Ruiz III, debemos el diseño de la torre de la Catedral.

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Vista frontal de la capilla. Fuente: unaventanadesdemadrid.com

Lo que hoy vemos es una capilla de planta cuadrada que se cubre con media naranja sobre pechinas, en cuyo muro sur se halla el retablo con la imagen de Santa Inés. La santa es una obra de Miguel Verdiguier, mientras que el retablo lo realiza Baltasar Devreton en 1761.

Detalle del nicho e imagen de Santa Inés.
Fuente: diocesisdecordoba.com

Ambos artistas fueron franceses afincados en Córdoba, y amigos. Se sabe que fue Verdiguier quien convenció a Devreton para que viniera a trabajar en Córdoba. Ambos dejarán en la ciudad obras muy conocidas, entre las que podemos mencionar el Triunfo de San Rafael de la Puerta del Puente y el de la plaza del Potro, de Verdiguier, y el colegio de Santa Victoria, de Devreton: suyo es el diseño de la gran capilla de planta central –una de las pocas obras neoclásicas en Córdoba–, aunque la gran bóveda que cubre el conjunto –posiblemente, la mayor de toda la ciudad– fue terminada por otro arquitecto, Ventura Rodríguez.

El retablo de Santa Inés es una obra de final del barroco, pero próximo al clasicismo: sobre base de jaspe negro en cuyo centro se sitúa el altar, se levanta el cuerpo del mismo, con la imagen de la santa, flanqueada por tres pares de columnas. El conjunto se remata con una gloria: el Espíritu Santo, entre nubes de las que salen rayos de luz.

A finales del siglo XX el muro este de la capilla fue desmontado para recuperar los arco originales de la antigua mezquita.

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