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El 17 de diciembre de 1994 se cerraba la 18 sesión del Comité de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, celebrada en Phuket (Tailandia), durante la cual se había acortado la ampliación de la declaración de Patrimonio de la Humanidad al Centro Histórico de Córdoba. De este modo, no sólo la Mezquita-Catedral, sino parte de su entorno quedaban reconocidos por sus valores universales. En palabras de la Unesco: 

La ciudad, en virtud de su extensión y urbanismo, su significado como expresión viva de las diferentes culturas que han existido allí, y su relación con el río, es un conjunto histórico de extraordinario valor. Representó un paso obligado entre el sur y la meseta, y fue un puerto importante, desde el que los productos de minería y agricultura de la sierra y la campiña eran exportados.

El Centro Histórico de Córdoba crea marco urbano y paisajístico perfecto para la Mezquita. Refleja miles de años de ocupación de diferentes grupos culturales -romanos, visigodos, musulmanes, judíos y cristianos-, que dejaron una marca. Este área refleja la complejidad urbana y arquitectónica alcanzada durante el período romano y el esplendor de la gran ciudad islámica que, entre los siglos VIII y X, representó el mayor foco cultural y urbano en el mundo occidental. La riqueza de sus monumentos y arquitectura residencial única [singular, sin paralelos, extraordinaria] destacan. (…)*.

La Unesco emite informes periódicos que velan por el estado de conservación del patrimonio y hacen recomendaciones para su mejora, esto no implica -en sí mismo-, una salvaguarda del patrimonio, sino una evaluación que debería ser tenida en cuenta. De la protección del bien se encarga el propio país.

En nuestro caso, la protección no llegó con la declaración de la Unesco, sino mucho antes, en 1929. Córdoba fue la primera ciudad en acogerse a la nueva ley del Patrimonio de 1926. Así, gran parte de la ciudad quedó incluída en el Tesoro Artístico Nacional. Por otra parte, la normativa municipal contribuyó también a la conservación, ya que en los sucesivos planes urbanísticos la consideración de casco histórico fue aumentando, hasta abarcar por entero la ciudad vieja. Finalmente, en 1985 se incoó expediente para ampliar la zona protegida  desde 1929. En tanto que se resolvía el expediente, llegó la declaración de la Unesco. Finalmente, en 2003  la Junta de Andalucía resolvió a favor de la ampliación antes mencionada, quedando todo el casco histórico de Córdoba declarado Bien de Interés Cultural e inscrito en el Catálogo de Patrimonio.

La declaración como BIC es mucho más amplia que la de Patrimonio de la Humanidad, que queda limitada al entorno de la Mezquita Catedral, la Judería, el entorno del Alcázar y barrio de San Basilio, así como el entorno del río, como se puede ver en el siguiente plano:

Delimitación de la zona B.I.C. y de la zona Patrimonio de la Humanidad
Fuente: gmucordoba.es

En la delimitación de las zonas propuestas para ser declaradas Patrimonio de la Humanidad no se siguió ningún criterio científico o histórico, de ahí que quedaran fuera numerosas e importantes zonas. No obstante, la importancia de los límites es relativa: los valores que describe la Unesco son aplicables a toda la ciudad, y  como ciudad Patrimonio de la Humanidad -honor que comparte con otras ciudades españolas como Úbeda o Baeza- toda Córdoba se beneficia de la declaración, de este reconocimiento que da proyección mundial a nuestra ciudad.

Así pues, si aún no la conoce, anímense a descubrirla: piérdanse en sus callejas, asómense a sus casas solariegas y palacios a través de los patios, disfruten de sus monumentos y entenderán las razones por las que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad a esta ciudad milenaria.


*Texto traducido de http://whc.unesco.org/en/list/313/

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