Al-Hakam II
Al-Hakam II, califa de Córdoba
Llamado Al-Hakam al Mustasir. Fue también conocido como Al-Hakam II. Nació y murió en Córdoba (915-976). Fue el segundo califa tras su padre, Abderraman III, que gobernó como tal en el territorio de Al-Ándalus, la actual península ibérica. Se le nombra sucesor de su padre a la edad de ocho años y desde aquel momento fue educado de manera impecable, además de participar continuamente en las actividades del gobierno. Llegó al poder con 47 años y a pesar de su unión con Radhia, esta no le dio hijos, lo que se hizo necesario para la sucesión. Finalmente sería su concubina, Subh, la que se los proporcionaría.
Características físicas y conflictos durante su reinado
Las crónicas le describían como un hombre corpulento de piernas cortas y largos brazos, además de tener unos grandes ojos negros, una nariz aguileña y el cabello rubio rojizo. A lo largo de sus 15 años de reinado no se produjeron grandes conflictos bélicos, lo que ayudó a que las arcas del estado no sufrieran excesivamente.
Principales conflictos
Los tres grandes conflictos con los que tuvo que lidiar fueron con los cristianos en el norte, con los nórdicos por mar y con los fatimíes en las costas africanas.
Los cristianos le creyeron débil e intentaron no seguir los acuerdos que habían alcanzado con su padre, pero no consiguieron imponerse en el campo de batalla. A los nórdicos les plantó cara construyendo una flota similar a la suya y anticipándose a su ataque. Fue con los fatimíes con quienes sufrió más quebraderos de cabeza. Al final tuvo que mandar al ejército con total libertad para sobornar y combatir, y así pudieron imponerse.
Un califato avanzado
El gobierno en el territorio se caracterizó por el respeto a otras religiones, un sistema de méritos para obtener los mejores puestos y centrarse en el desarrollo de la ciudad. Dotó a Córdoba de un sistema de alcantarillado, la ampliación más bella de la mezquita principal, un sistema de alumbrado público, además de realizar cambios en la ciudad palatina de Medina Azahara. La economía de la ciudad consiguió mantenerse estable mediante un sistema saneado.
Impulso cultural
Debería destacarse su labor en el campo de la cultura. Especialmente renombrable la creación de escuelas públicas y educación básica obligatoria para todo el mundo. Acogió en el territorio a toda persona relacionada con la cultura que huía de los abasíes, además de financiar a todo artista que pudiera. Reseñables son también su impulso a la universidad de Córdoba además de la biblioteca que, según cuentan las crónicas de la época, contaría con más de 400.000 volúmenes pertenecientes a todas las disciplinas.
Sucesión y legado
Lamentablemente, a su muerte le sucederá Hixem II, una marioneta a manos de otros. Este cambio lo único que provocará es la decadencia paulatina del tan brillante califato para su posterior desaparición. Su salud nunca fue muy buena. Sufrirá una hemiplejia dos años antes de morir de la que nunca se recuperará del todo. Dos años después fallecería de un derrame cerebral.
Homenaje póstumo
La ciudad de Córdoba le rinde homenaje con una figura de medio cuerpo ubicada en los pequeños jardines que se encuentran entre el Alcázar de los Reyes Cristianos y la entrada a los Baños Califales, lo que se conoce a día de hoy como el Campo Santo de los Mártires. Este fue inaugurado el 1 de octubre de 1976. Aunque a día de hoy no dispone de una placa que lo identifique, por lo que casi se podría decir que se trata de un homenaje silencioso, ya que nadie puede averiguar que el que ahí está representado es una de las figuras más importantes de la historia de la ciudad.
















