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Lapida de la tumba del gran capitan en el monasterio de San Jeronimo de Granada.

La siguiente campaña que el militar cordobés encabeza hacia Italia se produce en torno al año 1500, momento en el que Francia y España firman un tratado en el que se reparten las diferentes regiones del reino de Nápoles. Venecia pide ayuda ya que uno de sus territorios fuera la península Itálica, concretamente en Grecia, estaba siendo atacado por los turcos. Gonzalo Fernández de Córdoba parte de España con el titulo de Capitán General de mar y tierra.

El viaje de ida se hace complicado por la escasez de agua. A la expedición se unen tropas francesas y venecianas que colaboran en la victoria final. La escasez se mantiene incluso en el viaje de vuelta, lo que ocasiona algunos motines. En 1501, el Papa hace publico el acuerdo entre Francia y España antes mencionado, por lo que los franceses ocupan su parte del reino de Nápoles y al Gran capitán se le encomienda hacer lo mismo con sus soldados, pero él encuentra una de las ciudades del territorio español ocupada por tropas francesas.

El militar cordobés idea una estrategia en la que decide atacar la ciudad ocupada por el único punto que no estaba protegido consiguiendo su objetivo. Para mantener la orden que había recibido de proteger la sección española del reino de Nápoles y dado que las tropas francesas superaban a las españolas en número, tuvo que diversificas sus fuerzas eligiendo las localizaciones más fuertes y esperando poder recibir refuerzos pronto. En algunos casos, el militar cordobés recurre más a tácticas defensivas en vez de atacantes, lo que le granjea el enfado de algunos sectores bajo su mando.

Cuando los esperados refuerzos llegan, el Gran Capitán observa como las tropas francesas han cometido el error de dispersarse, lo que facilita la victoria de las tropas españolas. El conflicto no cesa, hasta que finalmente los franceses, aunque con mejores condiciones técnicas, pero ya sin ninguna moral, acaban rindiéndose a las tropas españolas, por lo que “El Gran Capitán” acaba conquistando el reino de Nápoles al completo para los reyes de España.

Al concluir el conflicto, Don Gonzalo es nombrado Virrey de Nápoles, donde gobernara durante cuatro años. Pero tras la muerte de la Reina Doña Isabel y quizás azuzado por el miedo que le producía toda la fama y poder que Don Gonzalo había adquirido a lo largo de su vida, el rey Fernando le acusa de tomar para si partidas de dinero destinadas para las guerras en las que el mismo había participado. El militar cordobés le responde con una pormenorización, lo que acaba derivando en la frase popular de “las cuentas del Gran Capitán”. Como anécdota he querido citar un fragmento de las cuentas para ver cual fue la repuesta del militar al rey, tanto si se las había pedido como si no:

“Por picos palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.

A pesar de sus múltiples peticiones de permanecer en Nápoles, estas no son oídas por el rey, por lo que al final se retira a Loja, donde fallecerá. Fue un autentico revolucionario dentro del ejercito, dándole un papel mas notorio a la infantería. Pero al final su fama seria la que le acabaría traicionando y siendo su mayor enemigo.

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