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“El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras”

A mediados de 1962 se iniciaron una serie de trabajos arqueológicos en los Jardines del Palacio Episcopal con el fin de descubrir la rauda (rawda), es decir, el panteón de la dinastía Omeya en al-Andalus, el cual constituye uno de los escasos casos en los que se permite la inhumación dentro del recinto de la medina. De este modo, dieron comienzo los trabajos, autorizados por la Dirección General de Bellas Artes en 13 de junio de 1962. Estos estuvieron bajo la dirección de Rafael Castejón, Delegado Provincial del Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas, quien contó con la colaboración del arquitecto de la sexta zona, Félix Hernández.

Así pues, se procedió a la realización de una cata de 4 x 4 m en los citados jardines, obteniendo como resultado el hallazgo de dos pilares de sección rectangular realizados con sillares dispuestos a soga y tizón. Dichos pilares poseían una altura de 1’3 y 0’88 m respectivamente , con unas dimensiones de 1 x 1’24 m de lado, y de 1’14 x 1’ 38 m en su parte inferior. Su zócalo estaba revestido y pintado en rojo, con una franja del mismo color en su parte inferior. El espacio que había entre estos dos pilares era de 3’66. Por su parte, el pavimento sobre el que se posicionaban estos pilares se encontraba a una profundidad de 2´50 m, siendo descrito de la siguiente manera por Rafael Castejón :

“El piso original es de hormigón homogéneo de cal, pintado en rojo y hacia mediodía está la galería interior, toda ella pintada de rojo el suelo de hormigón calcáreo. Se descubrió esta galería en una anchura a partir de pilastras de 2’90, y todo su borde opuesto aparecía roto a partir de una línea paralela a la de pilastras, señalando acaso la línea de muro interior… El espacio entre pilastras tiene hacia norte una faja de mármol blanco de unos 45 cm., que indica el escalón hacia el hueco del patio”.

Para Rafael Castejón esta galería mencionada habría estado cubierta por “fuertes entablamentos”, pues no se halló ninguna dovela que hubiese pertenecido a algún arco. Además, también se rescataron abundantes clavos de unos 40 cm de longitud. A causa de todo ello se decidió buscar la línea de pilares al exterior de los jardines del Palacio Episcopal, en el Campo Santo de los Mártires, obteniendo resultados negativos al encontrarse “a nivel análogo al de las pilastras, una irregular construcción, ovalada, como pozo de noria, horno de cal o cosa parecida, inclasificable desde cualquier punto de vista, que ha vuelto a ser soterrada, porque entraba bajo la tapia de cerramiento del jardín episcopal y podía ser causa de ruina”.

Obviamente, el objetivo principal de la excavación no fue cumplido, puesto que no se logró documentar ningún tipo de enterramiento. Como consecuencia del resultado negativo de la excavación, Castejón propuso dirigir la búsqueda de la tumba de los califas “más a mediodía, en línea paralela a la presunta fachada sur del Alcázar, a cuyo lugar se refieren las más precisas citas de los cronista islámicos”.

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