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El 2 de noviembre de 1984 se cerraba la octava Sesión del Comité del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, que había comenzado el 30 de octubre en Argentina. En dicha sesión, se acordó la inscripción de diversos monumentos en la lista de Patrimonio de la Humanidad, entre ellos La Alhambra y el Generalife, en Granada, la Catedral de Burgos, el Monasterio y Sitio de El Escorial, el Parque Güell, Palacio Güell y la Casa Milà, en Barcelona, y la Mezquita de Córdoba.

Fueron los primeros cinco monumentos españoles, a los que seguirán otros, el último este mismo año de 2016: los Dólmenes de Antequera. Suman así 45 bienes que hacen de España el tercer país con más bienes inscritos, sólo precedida por Italia y China.

Pero, ¿qué es exactamente un bien Patrimonio de la Humanidad? también llamado Patrimonio Mundial, es un título o reconocimiento que concede la Unesco a determinados bienes, ya sean naturales (cuevas, parajes, lagos…) o culturales (rutas, conjuntos arquitectónicos, rutas…), al considerarse que, cumpliendo unos determinados criterios que ponen de manifiesto sus valores para la Humanidad, su protección y conservación es responsabilidad tanto por los correspondientes gobiernos donde estos bienes están como por el resto de países -193- que integran esta Organización.

Esos criterios son los siguientes:

I. Representar una obra maestra del genio creativo humano.

II. Testimoniar un importante intercambio de valores humanos a lo largo de un periodo de tiempo o dentro de un área cultural del mundo, en el desarrollo de la arquitectura, tecnología, artes monumentales, urbanismo o diseño paisajístico.

III. Aportar un testimonio único o al menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización existente o ya desaparecida.

IV. Ofrecer un ejemplo eminente de un tipo de edificio, conjunto arquitectónico, tecnológico o paisaje, que ilustre una etapa significativa de la historia humana.

V. Ser un ejemplo eminente de una tradición de asentamiento humano, utilización del mar o de la tierra, que sea representativa de una cultura (o culturas), o de la interacción humana con el medio ambiente especialmente cuando este se vuelva vulnerable frente al impacto de cambios irreversibles.

VI. Estar directa o tangiblemente asociado con eventos o tradiciones vivas, con ideas o con creencias, con trabajos artísticos y literarios de destacada significación universal. (El comité considera que este criterio debe estar preferentemente acompañado de otros criterios.)

VII. Contener fenómenos naturales superlativos o áreas de excepcional belleza natural e importancia estética.

VIII. Ser uno de los ejemplos representativos de importantes etapas de la historia de la tierra, incluyendo testimonios de la vida, procesos geológicos creadores de formas geológicas o características geomórficas o fisiográficas significativas.

  1. IX. Ser uno de los ejemplos eminentes de procesos ecológicos y biológicos en el curso de la evolución de los ecosistemas.
  2. X. Contener los hábitats naturales más representativos y más importantes para la conservación de la biodiversidad, incluyendo aquellos que contienen especies amenazadas de destacado valor universal desde el punto de vista de la ciencia y el conservacionismo.

De ellos, los seis primeros se refieren a patrimonio cultural, mientras que los cuatro últimos a patrimonio natural.

Estos criterios sintetizan la importancia de un bien patrimonial para la Humanidad, poniendo de relieve valores que son universalmente reconocidos, que trascienden lo local y pueden ser entendidos y protegidos por todos. En el aniversario de la declaración de Patrimonio Mundial de la Mezquita, queremos acercarnos a las razones que llevaron a la concesión de tal título, es decir, a los valores universalmente reconocidos de este monumento:

Criterio (i) La Mezquita de Córdoba, con sus dimensiones y la audacia [también singularidad, creo que mejor) de su elevación interior, que nunca han sido imitados, hacen que sea una creación artística única

Criterio (ii) A pesar de su singularidad, la mezquita de Córdoba ha ejercido una influencia considerable en el arte musulmán occidental desde el siglo octavo. Influyó también el desarrollo de estilos del siglo XIX, tales como el Neomudéjar.

Criterio (iv): Es un ejemplo sobresaliente de la arquitectura religiosa del Islam

De manera más amplia, explica la Unesco en su web cómo la mezquita es un testimonio irremplazable del Califato de Córdoba, así como de la presencia del Islam en el mundo Occidental, con una dimensiones (más de 23.000 m2) que hicieron de ella la segunda más grande en superficie tras el Santuario de la Meca.

Pone de manifiesto también algo que a menudo queda oculto para aquellos que ven la mezquita por primera vez: el hecho de ser una arquitectura que combinó diversas técnicas y valores de Oriente y Occidente, e introdujo elementos que hasta el momento eran desconocidos en la arquitectura religiosa musulmana. Resalta, asímismo, la creación de un tipo de bóveda que supusieron un hito arquitectónico, y que no se repetirían en occidente hasta siglos después.

En suma, un monumento único, testigo y testimonio de una cultura ya desaparecida, la andalusí, que creció al tiempo que la propia cultura: partiendo de formas aprendidas, consiguió crear un edificio único que, tal como se cita en el documento, nunca fue replicado.

Diez años después, la declaración de la Mezquita se vio ampliada con la inclusión de parte del casco histórico de Córdoba. Hoy, recordamos esta fecha mirando al futuro, y esperando que en 2018 junto a la Mezquita aparezca también Medina Azahara, el otro gran testimonio del Califato de Córdoba, como Patrimonio de la Humanidad.

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