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En 1959, el Ayuntamiento de Córdoba procedió a la demolición del mercado de abastos situado en la plaza de la Corredera con el fin de devolverle a Córdoba uno de sus monumentos más ilustres; la citada plaza de tipo castellano. Dicho mercado había sido inaugurado en 1896 y su construcción había sido emprendida por el industrial José Sánchez Peña y el francés Louis Louhnoux. Ambos tenían una concesión administrativa del espacio que ocupaba el mercado, y que expiraba en 1956 . A la llegada de Antonio Cruz Conde a la alcaldía de Córdoba, éste anunció que tenía intención de derribar el mercado en el plazo de un año. No obstante, el derribo total del edificio no se produciría hasta 1959.

Unos años antes, en 1951, el Ayuntamiento había aprobado la pavimentación de las cuatro calles que rodeaban el mercado. Sin embargo, antes de llevar a cabo el derrumbe del edificio debía resolverse el problema de la ubicación de los negocios que aquél acogía. La solución a este problema se llevó a cabo en septiembre de 1955 con la instalación de un mercado subterráneo en los sótanos del mercado central, que anteriormente eran utilizados como almacén para las mercancías . En 1957 se produjo la ampliación de este espacio subterráneo, todo ello para dotar a los trabajadores de las mejores instalaciones posibles. En 1958 la empresa CEPANSA se hizo cargo del derribo del mercado de abastos, para lo cual realizó un pago al Ayuntamiento de 900.000 pesetas por el aprovechamiento de los materiales.

Como consecuencia de la adaptación de este espacio subterráneo, así como de su ampliación, tuvo lugar en 1958 el hallazgo de doce mosaicos romanos. Los trabajadores comunicaron tal hecho al arquitecto municipal, Víctor Escribano Ucelay, quien aconsejó su extracción. Por fortuna, el arqueólogo Antonio García y Bellido se encontraba en la ciudad con motivo de los trabajos arqueológicos llevados a cabo en el templo romano. García y Bellido analizó en profundidad uno de estos mosaicos, que fechó hacia mediados del siglo III d.C., concretamente el que tiene representado en su parte central dos figuras entrelazadas identificadas como Eros y Psique, y disponiendo en los ángulos alegorías de las cuatro estaciones.

Estos mosaicos pertenecían a una gran domus romana con peristilo, cuyo pavimento estaba formado por un mosaico en blanco y negro, de tema marino, que rodeaba la fuente central. El mosaico de Polifemo y Galatea, posiblemente el más interesante de todos, se encontraba decorando el triclinio. A esta misma casa debieron pertenecer los mosaicos de Medusa y Océano. Para Antonio García y Bellido, el mosaico de Eros y Psique, así como el geométrico de mayores dimensiones, pertenecerían a una casa contigua. Lo cierto es que no se puede decir mucho más de esta domus, pues los mosaicos no fueron extraídos por profesionales y, por consiguiente, no se logró documentar ningún material a parte de los ya citados mosaicos.

El siguiente paso tras la extracción y restauración de los mosaicos fue establecer su ubicación. Dio la casualidad de que las obras de la plaza de la Corredera se llevaban en paralelo a las de restauración del Alcázar de los Reyes Cristianos. El Alcázar contaba con un Salón de Audiencias y con una capilla adosada a uno de sus muros. Además, este espacio disponía también de una escalera que comunicaba con un patio, todo ello correspondiente al periodo en el que el edificio perteneció a la Inquisición. Estos espacios fueron abiertos y aprovechados para la ubicación de un nuevo Salón en el cual acabaron colocándose, como decoración parietal, ocho de los doce mosaicos descubiertos[.

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