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Calleja de la Hoguera, con el alminar de la mezquita al fondo. Imagen: http://bit.ly/2zHHF1f
Calleja de la Hoguera, con el alminar de la mezquita al fondo.
Imagen: http://bit.ly/2zHHF1f

En una ciudad milenaria como Córdoba, existen rincones especiales: plazas, calles anchas, calles estrechas, callejones, callejuelas, antiguas casas de paso etc… Todos y cada uno de estos espacios esconde una historia, una leyenda o una anécdota. En esta ocasión me voy a centrar en las callejas: aquellas vías estrechas, con o sin salida que nos hacen evocar tiempos pasados.

Vamos a empezar por las más conocidas; las que se encuentran en el entorno cercano a la Mezquita-Catedral para ir, poco a poco, alejándonos a otras zonas.

Dos de los lugares más populares de nuestra ciudad, las calles Deanes y Céspedes, se encuentran unidos por una sinuosa vía, la calleja de la Hoguera. Este azucaque tiene un origen desconocido para nosotros que se remonta a época musulmana. Con el paso de los siglos se construyó una casa en el centro que cortaba el acceso directo pero que actuaba como casa de paso, hasta que en época de don Antonio Cruz Conde se reabrió el paso original. En la actualidad, se alza en este lugar la denominada “Mezquita de los Andaluces”, uno de los oratorios donde la comunidad musulmana cordobesa puede realizar sus rezos.

Todo el mundo pasa por delante, pero son muy pocos los que penetran en la calle Samuel de los Santos Gener, que abre a la muy concurrida Velázquez Bosco. Es una calle sin salida en cuyo fondo se alza, imponente, la fachada de la Casa Árabe, una institución cultural que busca dar a conocer la cultura musulmana. Este edificio bien merece una visita: un caserón señorial construido en el siglo XIV y ampliado en las centurias siguientes que se organizaba entorno a cuatro patios.

De la Calleja de las Flores no hay mucho más que decir que no se haya dicho ya en este blog. La vista de la torre de la Catedral emergiendo por encima de los edificios es una de las fotografías más recurrentes por parte de cientos de miles de turistas. El aspecto actual, con sus macetas de geranios y gitanillas, su fuente y su aroma son fruto de las labores de acondicionamiento que desarrolló el ya citado alcalde cordobés don Antonio Cruz Conde.

Calleja de las Flores
Calleja de las Flores

Pocas personas saben que la conocida como “calleja del Pañuelo” se llama realmente de Pedro Jiménez en honor de un vecino que vivió allí. De origen incierto, su escasa anchura se debe a la construcción, en el siglo XVII, del caserón señorial en el que hoy se encuentra una institución teresiana. Si la visitan, fíjense en cómo ha crecido el naranjo en busca de la necesaria luz del sol.

La Calleja del Pañuelo, en su tramo más estrecho. Imagen: http://bit.ly/2jaCkJO

A caballo entre la historia y la leyenda se encuentra la calle Cabezas. La tenue iluminación de las farolas, las losas de piedra del suelo y la soledad hacen que esta vía que une Rey Heredia con el Portillo, sea un evocador reflejo del pasado medieval de nuestra ciudad. Dos son los elementos destacados de esta calle: la trasera del imponente palacio de los Marqueses del Carpio y los Arquillos. El ya citado palacio, cuya fachada principal se puede ver en la calle San Fernando, tiene su origen tras la conquista de Córdoba por Fernando III como la casa-fortaleza de los Méndez de Sotomayor, una de las familias nobles que acompañaron al monarca en la toma de la ciudad. Por su parte, la calle de los Arquillos se vincula con la leyenda de los Siete Infantes de Lara: sería el lugar donde estuvieron colgadas las cabezas de los siete nobles levantiscos en una historia de venganza y violencia.

La calle de los Arquillos, en la calle Cabezas. Imagen: http://bit.ly/2ia1NCe
La calle de los Arquillos, en la calle Cabezas.
Imagen: http://bit.ly/2ia1NCe

En uno de los barrios más castizos de la ciudad, en los alrededores de la iglesia de Santiago, se encuentra una calle de curioso nombre: las Siete Revueltas. Su denominación, que ya aparece en documentos del siglo XV, le viene dada por los muchos quiebros y requiebros que hace para llegar desde Agustín Moreno hasta Alfonso XII. El edificio más destacado de este lugar es la Casa de las Campanas, un antiguo palacio mudéjar reconvertido en casa de vecinos y, actualmente, uno de los patios emblemáticos de la ciudad.

Una de las herramientas que debe utilizar un historiador para entender la evolución de una ciudad es conocer los nombres, antiguos y presentes, de calles, plazas o puertas, ya que nos dan una información muy valiosa. De este modo, si les digo que en la plaza de la Corredera se celebraban corridas de toros y que existe una calle que se llamaba -y se llama- “Del Toril”, la pregunta “¿por dónde salían los toros?” tiene una respuesta sencilla.

Como ven, hay muchas y variadas historias tras las callejuelas de nuestra ciudad. No podíamos hacer referencia a todas porque si lo hiciéramos esta entrada del blog sería interminable. ¿Saben qué ocurre? Dos mil años de Historia dan para mucho.

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