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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Medina Azahara no fue sólo una herramienta para la realización de las aspiraciones políticas y religiosas de los dos primeros califas de al-Andalus  pues se trató también de una residencia, de al menos, de acuerdo a las crónicas, de tres figuras clave para el Estado Omeya: Galib, comandante supremo del ejército, Yaffar, nombrado Hayib (chambelán) y el mismísimo príncipe heredero (Alhakam II, al-Mustansir y posteriormente su hijo, Hisham II)

Nuestro artículo de hoy versa sobre el baño de la residencia de alguno de estos personajes, y que tradicionalmente hemos tratado de vincular a la última de estas figuras, el príncipe heredero, que en el momento de su construcción, no habría sido otro que Alhakam.

Situada en la sección central de la segunda terraza de la ciudad, la del Alcázar, se trata de un espacio cuasi simétrico, que gira en torno a un espacio abierto o jardín, dominado por una alberca central y que le ha hecho merecer el nombre de «Vivienda de la Alberca» en cuyo extremo oriental, encontramos un baño árabe, privado, que sin duda alguna debió ser construido para el uso y disfrute del propietario de la misma.

Distinción de espacios en la Vivienda de la Alberca. En verde, el espacio del baño.

Reconstruido en parte en el año 2014 por los arquitectos  José Ramón Menéndez de Luarca y Pau Soler, el espacio aparece ante el visitante, a falta de su apertura para la visita del interior, como un mazacote de sillares y cemento de difícil comprensión que no obstante, permite en su interior dar a conocer la dinámica y el ritual del baño árabe, una vez nos es posible atisbar su interior.

El edificio dispone de una primera estancia, subdividida en sala fría y vestuario, en el que también se disponen las letrinas, y que tiene por objetivo la preparación del sujeto para su paso a la Sala Templada que le sigue, y que en muchas ocasiones recibió el nombre de «Sala de espera» por investigadores de los años 60 y 70, dedicado a la limpieza mediante aceites aromáticos y que termina con la visita a la Sala Caliente, una auténtica sauna en la que se producía el baño por sudoración, comunicados todos ellos, por unas galerías para el servicio, que además, comunicaban con la sala de la caldera.

Sala Fría (Amarillo), Sala Templada (marrón claro), Sala caliente (azul), Caldera (rojo) y Caminos de Servicio (marrón oscuro)

El baño, en lo demás, no es nada fuera de lo ordinario, similar a otros baños privados documentados, que no habría de llamar la atención, de no ser por una modificación en el urbanismo de la ciudad que tuvo lugar en torno al año 961, cuando se procedió al nombramiento de Yafar como hayib, o Chambelán y la falta de espacio disponible en la ciudad ya urbanizada, llevó a la construcción de una vivienda para tan alta dignidad sin un baño propio, procediéndose a realizar modificaciones que permitiesen el uso compartido del baño de la Vivienda de la Alberca por ambas viviendas, lo que ha llevado a la creación no pocos rumores sobre la amistad entre Yafar y Alhakam, posible inquilino de la Vivienda de la Alberca

Vivienda de la Alberca (rojo), Casa de Yafar (morado)

 

Nota: los planos usados como base pertenecen a Antonio Almagro,  José Ramón Menéndez de Luarca y Pau Soler.

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