Arte en Córdoba

Guías expertos e historiadores

Entrada al recinto incluida en el precio

Mejor valorado en guías

Blog cultural Artencórdoba

El pasado 15 de diciembre se inauguró la exposición “Flamenco en el Casino Montillano” del artista Manolo Cobos, que se podrá ver hasta el próximo sábado 22 de diciembre.

 

Aquí os dejamos el texto que se leyó en la presentación de la exposición:

Vivimos una época en la que los materiales usados tienen una vida cada vez más efímera, en muchos casos fugaz. Esto genera un desperdicio ingente de recursos de todo tipo, y un daño enorme a un medio ambiente cada vez más deteriorado.

Los artefactos que se exponen están realizados con materiales encontrados en los lugares más dispares. Unos en las vías del tren, otros en talleres de automóviles, alguno en la basura emulando a los homeless neoyorquinos. Muchos los encontré en cunetas o bardales, de otros simplemente, ha sido imposible por mi parte desprenderme de ellos una vez usados, bien por su belleza o porque me atraía su
complejidad.

Unos han sido modificados en todo o en parte, otros tan sólo presentados de manera distinta para la que fueron concebidos: A todos se les ha dado una nueva vida, proporcionándole un uso diferente para el que fueron creados, adquiriendo en muchos casos una belleza que va más allá de su uso habitual. Todos expresan ideas diversas, persiguiendo siempre que sean decorativas o que tengan un cierto equilibrio estético.

En todos ellos he querido plasmar ese equilibrio que de una forma u otra, siempre busco en mis acciones, o quizás sea tan sólo, una necesidad imperiosa de expresar sentimientos o ideas, o de buscar una justificación a la insatisfacción que nos produce en algunas ocasiones la vida diaria.

Las piezas se pueden incluir en ese movimiento que algunos llaman reciclarte, que cuenta con seguidores por todo el mundo y que crece día a día.

El resultado de ese proceso está hoy aquí, en el Casino Montillano, para que ustedes lo disfruten, lo juzguen o en el peor de los casos lo ignoren.

Con estos materiales he realizado estas piezas que son mi pequeño homenaje al Flamenco que tanto me gusta, mi agradecimiento por tantos ratos agradables de compañía, por tantas lágrimas contenidas, por tanto estremecimiento sentido oyendo Cante. Y es que, al fin y al cabo, el Flamenco me ha acompañado toda la vida, en mis ratos buenos y en mis momentos malos, cuando no había amor y cuando lo he tenido, cuando he estado triste y cuando he estado alegre, desde mi lejana juventud hasta mis recientes tardes de taller en el cordobés barrio del Alcazar Viejo, donde me gusta abandonarme en el cante serio y profundo del Pele, vibrar con los cantes festeros de José Mercé o tararear las hermosas sevillanas de Chiquitete.

Curiosamente, la primera voz flamenca que recuerdo es la de nuestro paisano Agustín Gómez, saludando a los aficionados que seguían a diario a través de Radio Popular, aquel programa irrepetible que patrocinaban las Bodegas Cobos, con esa frase tan suya y tan característica: Buenas tardes, amigos del Cante.

Luego vendrían las catas flamencas de mi juventud, donde moceaba con mis primos en los largos veranos montillanos, cuando Montilla era por unas horas, metidos ya casi en vendimia, la catedral del Flamenco. Las Camachas se convertían en la antesala de la fiesta, que luego, hasta la madrugada, se vivía en las Bodegas de Pérez Barquero, para acabar en alguna de las bodeguitas de la calle del Horno.

En la Cata tuve la suerte de oír la voz perfecta de Antonio Fernández, Fosforito, de disfrutar del baile único de Antonio El Bailarín o de la insuperable guitarra de Manolo Sanlúcar. Allí empecé a admirar a José Menese y vi, por primera y única vez a José Monge Cruz, Camarón de la Isla. Fue una noche en la que llegó escoltado por varios cientos de gitanos que, como la Marabunta, entraron en el recinto con su Maestro y se fueron con él, después de hacer tres cantes que aún hoy, tengo grabados en la memoria.

El Flamenco me ha hecho disfrutar y sentir muchas cosas, pero para mi no sería nada sin la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba, sin las agradables enseñanzas de muchos lunes de invierno de Agustín Gómez, ilustradas con maestría por Luis de Córdoba y Paco Serrano. Entre los tres me hicieron perder el miedo reverencial que tenía al Cante Grande, (el respeto no se lo he perdido nunca), me enseñaron a valorarlo, entenderlo y a quererlo como algo propio y cercano.

Gracias a ellos he disfrutado, aún más, de voces tan bonitas como la de El Lebrijano, de la voz limpia de Carmen Linares o de la hermosa voz de mujer de Estrella Morente. También me descubrieron el poderío sin tapujos de La Talegona, y me hicieron valorar a ese mito tan nuestro que es Manolo Caracol.

He querido llevar este homenaje al Casino Montillano, porque en mi pueblo nací al flamenco, al igual que a otras muchas cosas importantes en la vida. Para mí es un honor exponer mis artefactos en ésa institución tan representativa de la ciudad, a la que mi familia ha pertenecido desde hace más de un siglo: mis abuelos, mis tíos, mi padre, cuyo lugar ocupa hoy Rafael Espejo mi primo, todos han participado de la vida social de ésta entidad a lo largo del tiempo de una manera u otra.

En mi memoria guardo la imagen de mi tío Ángel Méndez en el salón de la entrada, al que Elena mi hermana y yo, siendo niños, nos llegábamos a saludar tras salir del colegio por el mero hecho del cariño familiar, sin que tuvieran nada que ver, en absoluto, los diez reales que a diario nos daba el viejo bodeguero para gastar en el puesto.

Allí he tenido la suerte de disfrutar en mis años de mocedad de ratos inolvidables, tanto en ésta barra, regentada por Gabriel durante mucho tiempo, donde pasé ratos inolvidables en compañía de los amigos, o en alguno de los patios, atendidos admirablemente por Antonio Márquez, o como en la entrañable caseta del paseo de Cervantes, donde he amanecido en numerosas ocasiones bailando aquellas canciones del verano de los años setenta que curiosamente, se escuchan hoy en la radio más que entonces. Por eso, insisto, es para mí un honor exponer mis obras en la que considero, no sin razón, mi propia casa.

Quiero agradecer a Rafael Ramírez el presidente el que me haya dado esta oportunidad, y mi primo Cecilio Espejo las muchas molestias que se ha dado para que esto sea posible. Y a todos los que vayais a ver la exposición gracias, por haber ido a ver mis artefactos, que espero susciten su interés y les hagan pasar un rato agradable. Gracias.

Manolo Cobos

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Más info

aceptar