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“El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras”

[…]Si vamos de excursión y se enteran que somos de aquí, enseguida: “-Aquí están los del membrillo-“. Cuando nuestros futbolistas saltan a un campo les gritan “-¡membrillos, membrillos!- “y si ganamos “-¡Cómo no, si habéis comido carne de membrillo!- […] (Revista “Mi Pueblo”, 13 de septiembre de 1959, citado en Córdoba, M. 2015: 310-312).

Sirva el texto anterior como muestra de la firme unión que existía y existe entre Puente Genil y su industria membrillera. A mediados del siglo XIX, concretamente en 1854, nace la primera fábrica de carne de membrillo, propiedad de Rafael Rivas. Su padre, D. Francisco Rivas, fue precisamente quien, en 1854 envió por su cuenta la primera partida, insignificante, a la Roda, por recomendación de D. Rodrigo Cantos, médico del municipio, para utilizarlo como remedio natural en una epidemia de cólicos, ya que el membrillo posee propiedades astringentes. A partir de entonces y sobre todo en el primer tercio del siglo XX, surgen numerosas fábricas membrilleras como las de Chacón Yerón, Manuel Velasco, Luis Reina o los Apóstoles. La membrillera La Andaluza se fundó en 1910 y Membrillo San Antonio en 1912.

Interior de una de las fábricas [Fuente: Diario Republicano – La Voz, septiembre de 1931, p. 16]

Adriana Morales, considerada la primera mujer empresaria de Puente Genil, continuó la tradición membrillera que inició José Villafranca, comenzando su actividad en una tienda de ultramarinos situada en el barrio de las Cantarerías, en casa de sus padres. Más tarde amplió su negocio y se trasladó a una de las calles de más tránsito y más céntricas del municipio, la calle Aguilar, instalando allí su fábrica denominada Fábrica de Nuestra Señora de las Mercedes.

Adriana Morales rodeada de sus trabajadoras.  [Fuente: El Pontón, septiembre-octubre 1991]

Los empresarios de las fábricas de membrillo utilizaron, durante gran parte del siglo XX, sus propias casas como fábricas convirtiéndose en “auténticas fábricas-vivienda”.Será a finales del siglo XIX y la primera mitad del XX cuando el sector del membrillo en Puente Genil alcance su máximo apogeo, llegando a existir hasta 26 fábricas en los años 60. La mujer era un 90% de la mano de obra ya que, además de tener más experiencia para seleccionar, limpiar y gajear el fruto debido a las labores de cocina propias de la mujer, su salario era inferior al de los hombres. En 1963 se iguala el salario de la mujer al del trabajador temporero, siendo de 76 pesetas por las ocho horas de un jornal.[magicactionbox id=”11191036″]

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