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“El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras”

En esta nueva entrada vamos a seguir los pasos necesarios para la elaboración de la carne de membrillo antiguamente, cuando todo se hacía de manera artesanal, hasta que se produjo la mecanización del proceso.

El primer paso es la elección del fruto, que debe ser sano y maduro, cuando tiene más proporción de azúcar. Luego se pasa a la cocción a través de una corriente de vapor proporcionada por “una máquina especial” en la que se introducen los membrillos recolectados.

Después, diferentes cuadrillas de mujeres se dedican al mondado y troceado de los frutos que, posteriormente, pasan al rayo, una máquina que se encarga de desmenuzarlos, dejándolos hechos una masa.

Mondando y picando el membrillo. [Fotografía: A. Borrego, citado en Perojo y Figueras, J., Nuevo Mundo, 1906:12]

Se añade entonces una cantidad igual de azúcar y se introduce todo en los calderos, donde vuelve a someterse a la acción del vapor. Cuando comienza la ebullición debe removerse hasta que adquiere la consistencia necesaria, siendo esta la acción más delicada de todo el proceso. Una vez adquirida la textura correcta, de manera paulatina, se va cerrando la salida de vapor y se le añade una pequeña cantidad de “cierto producto químico” que hace que se conserve el producto final varios años. Por último, se vierte el producto en las cajas (de las que hablaremos en la próxima entrada), recubiertas de papel metálico.

Haciendo la carne de membrillo. [Fotografía: A. Borrego, citado en Perojo y Figueras, J., Nuevo Mundo, 1906:13]

Llenando las cajas para la venta. [Fotografía: A. Borrego, citado en Perojo y Figueras, J., Nuevo Mundo, 1906:13]
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