Iglesia de S. Francisco y S. Eulogio
La actual Iglesia de San Francisco fue fundada por el Rey Fernando III el Santo como Monasterio de San Pedro el Real, siendo considerada Monumento Histórico Artístico desde el año 1981. El monasterio pertenecía a la collación de San Nicolás de la Ajerquía, y estaba ubicado en las inmediaciones de la muralla que comunicaba a esta con la Villa. Se trataba de una zona poco habitada en estos momentos, pero la presencia del monasterio sería la que propiciara la repoblación del sector.
En época bajomedieval el barrio se caracterizaba por su marcado carácter artesanal y comercial, donde destacaban edificaciones destinadas a estos menesteres, caso de talleres, comercios, tabernas…
El entorno urbano y el Portillo
Frente a la Iglesia de San Francisco se encontraba, desde el año 1123, una de las entradas embutidas en la muralla que comunicaban la Medina y el barrio oriental, tras el amurallamiento de éste último. Con el paso del tiempo éste acceso ha sido denominado de distintas maneras, como Postigo de los Descalzos en la época de la Reconquista, Portillo de Corvache a fines del siglo XIII, Portillo de San Francisco en el siglo XV o de los Mercaderes en el siglo XVIII. En la actualidad, el lugar es conocido comúnmente como el Arco del Portillo.
Originariamente, el monasterio ocupaba una gran parcela de terreno comprendida entre las calles San Francisco, Armas, Maese Luis y la Feria. Aún en época medieval, los frailes vendieron parte de las huertas, construyéndose caseríos y negocios en su lugar, evolucionando a una zona eminentemente comercial.
La comunidad franciscana
Hasta ya entrado el siglo XIX fue sede de una comunidad de religiosos franciscanos, de los que tenemos constancia desde mediados del siglo XIII, puesto que en 1246 el Concejo de la ciudad confirmó un privilegio sobre el agua que les había concedido Fernando III. Posteriormente, Alfonso X, otorgaría en este sentido dos nuevos privilegios: uno en 1264 y otro en 1266. Con el tiempo el monasterio fue cobrando mayor importancia en la orden, llegando incluso a ser Casa Madre de la misma. Se sabe que en el siglo XVII lo habitaron más de un centenar de frailes, número que se elevó en el siglo XVIII, período de mayor esplendor del mismo.
Desamortización y desaparición del convento
El siglo XIX fue testigo de la desaparición del convento, ya que en 1810 los franceses abolieron las órdenes religiosas en nuestro país. En 1842, la casa de San Pedro el Real es vendida a Don Bonifacio Gallego Campos, por lo que tan sólo queda la iglesia, hasta nuestros días.
La iglesia actual
La Iglesia de San Francisco apenas conserva restos de la que fue iglesia del Monasterio de San Pedro el Real, debido a las numerosas transformaciones que ha sufrido, éstas serán descritas en el apartado concerniente a la descripción del edificio.
En la actualidad la Iglesia de San Francisco es uno de los edificios religiosos más ricos y representativos de nuestra ciudad. Son numerosas las capillas y altares destinados al culto, por otro lado, es de los pocos templos que tienen el privilegio de albergar hasta dos cofradías, caso de La Oración en el Huerto y La Caridad.
Los altares de la Iglesia de San Francisco
El Altar Mayor
El Altar Mayor de la Iglesia de San Francisco está presidido por un gran retablo de Teodosio Sánchez de Rueda, ejecutado en el año 1720. El retablo está realizado en madera dorada y se adapta perfectamente a la forma del ábside que, como dijimos anteriormente, conserva su estructura medieval.
Estructura y decoración del retablo
Tres calles y dos cuerpos conforman el conjunto, presentando además diversos planos de profundidad debido a su concavidad, otorgándole de esta manera un gran dinamismo y efectismo. Elementos como la columna salomónica, el estípite o la pilastra distribuyen los diversos espacios del retablo, que se encuentra profusamente decorado con elementos florales y vegetales.
Primer cuerpo
En el centro de la composición se halla un «Cristo Crucificado» de tamaño menor al natural, del que desconocemos su autoría. Debajo se encuentra, en una hornacina, la «Virgen de la Aurora«, que es representada sentada junto al Niño Jesús; se piensa que pudo ser obra de Alonso Gómez de Sandoval. Completando el primer cuerpo, en las calles laterales, dos tallas de «San Francisco de Asís» y «Santo Domingo«. El primero de ellos aparece de pie, mostrando los estigmas que surgieron de sus manos y pies cuando se encontraba orando en el Monte Alverno, el segundo es representado también de pie con la cruz y el libro. Curiosamente los dos fueron amigos, y el autor decidió tratarlos de una forma muy similar, con un excelente tratado del estofado.
Segundo cuerpo y adaptación al ábside
El segundo cuerpo está rematado por una especie de bóveda formando un cuarto de esfera, de modo que se ajusta perfectamente a la arquitectura medieval. De nuevo encontramos tres calles, separadas por pilastras. En la calle central destaca un lienzo que representa al «Rey Fernando III el Santo«. A la izquierda «San Pedro«, sentado en su Cátedra, vestido con la tiara papal, en actitud de bendecir. A la derecha «San Pablo«, de pie, portado el libro y la espada. Ambas figuras de tamaño menor al natural.
Pinturas del ábside
De todos los cuadros que albergan las paredes del ábside nos parece apropiado detenernos en el excepcional «San Andrés» que realizara Juan de Valdés Leal en el año 1647. Apoyado en su Cruz en aspas, mira al cielo extendiendo su brazo derecho en actitud de súplica. Debajo aparecen dos de sus atributos más significativos, el libro y el pez, pues era pescador. El dominio de los tonos oscuros es excepcional, pero no de menos destreza que el cálido rojo del manto del Santo, si bien el tratamiento de las telas es muy acertado. La obra está concebida para ser vista desde una altura considerable, véase el tamaño de los pies por ejemplo.
Los altares que alberga la Iglesia de San Francisco, y creemos que son dignos de mención. Comenzaremos por los altares ubicados en el lado del evangelio de la nave principal, pasando por el crucero, los brazos de éste y los ábsides laterales, dejando para otro apartado el Altar Mayor de la iglesia.
Altares del lado del evangelio
Altar de los Santos Mártires
El primero de los altares situados en el lado del evangelio es el Altar de los Santos Mártires. Se trata de un pequeño retablo realizado en madera policromada y dorada, decorado profusamente con elementos florales y geométricos. En el centro destaca la figura de «Santa Rita«, con la Cruz en la mano como símbolo de su penitencia, está vestida con los hábitos de las agustinas. Flanqueándola dos santos, «San Pedro Dueñas» y «San Juan de Cetina«, ambos con la palma, símbolo del martirio.
Altar del Nacimiento
El Altar del Nacimiento recibe su nombre por el lienzo que lo preside, obra del sevillano José Ruiz de Sarabia. Se trata de una hábil composición, donde un interesante rompimiento de gloria divide la escena en dos, muy del gusto de autor, dejando una impronta zurbaranesca de gran calado, caso de la luz, ya que fue discípulo del autor extremeño. El retablo está realizado en madera policromada y dorada, e imita su decoración al uso del mármol. Corona el conjunto un relieve dorado que representa al «Ángel de la Guarda junto al Niño«, obra del ya mencionado Manuel Gómez.
Altar del Ecce-Homo
Muy interesante es el conocido como Altar del Ecce-Homo. Muy recargado, es un retablo de tres calles separadas por estípites, donde la calle central se prolonga hasta lo más alto. En el centro de la composición el «Ecce-Homo«, una talla en madera policromada de cabeza y torso, atribuida a Luisa Roldán «La Roldana«, hija de Pedro Roldán. A ambos lados se encuentran dos imágenes de pequeño tamaño que representan a «San Francisco de Asís» y «San Antonio de Padua«.
Retablo de San José
Finalizamos con el Retablo de San José, obra atribuía a José de Cano, que adopta el nombre del lienzo que representa a «San José con el Niño«, escena muy emotiva donde el santo coge en su regazo a Jesús mientras que porta un ramo de lirios, símbolo de su pureza. Destacan varios relieves policromados concernientes a la vida de José, caso de «El sueño de San José«, «El Nacimiento de Jesús» o «La Adoración de los Pastores«.
Altares del crucero
Altar de San José
Bajo una de los pilares que sustentan el crucero, en el lado del evangelio, se encuentra el Altar de San José, curiosamente dedicado al mismo Santo que el anterior. Se trata de una obra de gran verticalidad y movimiento. Preside el conjunto una talla de «San José«, solo, de pie, portando la vara florecida. A ambos lados se encuentran dos imágenes de los arcángeles «San Miguel» y «San Rafael«.
Altar de San Eloy
En el otro pilar del crucero se encuentra el Altar de San Eloy, de similares proporciones y decoración que el anterior, se ha querido ver la mano de Teodosio Sánchez Cañadas en ambos. En este caso lo preside la imagen de «San Eloy«, representado vestido de Obispo, con espléndidos ropajes y buen empleo del estofado.
Obras en los brazos del crucero
La Visitación
En el brazo del crucero del lado del evangelio cabe destacar una «Visitación» atribuida al pintor flamenco Pedro de Campaña. Representa el momento del encuentro con Isabel, ante la presencia de Zacarías. Presenta buen dominio de la perspectiva y uso de colores cálidos, propios de la escuela flamenca.
Altar de los Santos Juanes
Cerca de este cuadro se halla el Altar de los Santos Juanes, que nos ofrece una interesante solución, pues se nos muestra a modo de cortinaje, siendo retirado por dos angelotes alados de bella factura. Destaca la composición pictórica dedicada a los citados santos, obra de Diego Monroy, copia de un original de Antonio del Castillo.
Ábside del lado de la epístola
Retablo de la Caridad
Finalizaremos en el ábside del lado de la epístola, que actualmente es el Sagrario de la Iglesia de San Francisco. Allí se encuentra el Retablo de la Caridad, obra anónima del siglo XVIII, que alberga al crucificado titular de la cofradía que procesiona el Jueves Santo. Las imágenes de esta cofradía son descritas en el apartado concerniente a la Semana Santa de Córdoba de nuestra Web.
Lienzos del Sagrario
De los lienzos que decoran el Sagrario nos gustaría destacar los realizados por Acisclo Antonio Palomino, pintor de sobra conocido por su obra, tratados y lazos parentales con Diego Velázquez. En primer lugar «El Salvador» nos presenta al Señor en actitud de bendecir sosteniendo el Sagrario, o también una «Santa Ana» de bellísima factura. De gran interés es el cuadro que representa a «Santa Ana, San Joaquín y la Virgen Niña«, donde todos los personajes están en comunión entre ellos, Santa Ana mira al cielo, donde se produce un rompimiento de gloria apareciendo el Espíritu Santo en forma de Paloma, San Joaquín mira a la Virgen Niña en actitud de oración.
Capillas Iglesia de San Francisco
Las distintas capillas que alberga la Iglesia de San Francisco se desarrollan a lo largo de la nave principal, en el lado de la epístola. Son un total de seis, y presentan notables diferencias, tanto estilísticas como en su contenido.
Capilla del Bautismo
La primera es la Capilla del Bautismo, que recibe su nombre de la pila bautismal de mármol negro ubicada en su centro. Tras ella destaca un retablo del siglo XVII atribuido a Melchor Fernández Moreno, quien supo otorgarle un notable acento clasicista, gracias a elementos como el frontón triangular partido, las columnas de fuste helicoidal o el remate en curva para adaptarse al espacio. El tema principal es, cómo no, el «Bautismo de Cristo«, y se trata de una copia de otra obra anterior.
Capilla de San Rafael
La Capilla de San Rafael es un espacio de pequeñas dimensiones que alberga un pequeño altar dedicado a «San Rafael«. El altar está presidido por una figura exenta del «Ángel Custodio» de nuestra ciudad, se piensa que es obra de Manuel Gómez, alumno e hijo de Alonso Gómez de Sandoval, por lo que se fecha su ejecución hacia 1795.
Capilla de la Venerable Orden Tercera
A continuación se encuentra la Capilla de la Venerable Orden Tercera, una pequeña sala de planta cuadrangular, cubierta por una bóveda vaída rematada en linterna, decorada con elementos florales a base de tonos verdosos y dorados. Un retablo dedicado a «San Pedro de Alcántara» preside el espacio. De dos cuerpos y tres calles, figura en su centro la imagen de mencionado santo, obra de Pedro de Mena de finales del siglo XVII. En las calles laterales se hallan dos figuras más, que representan a «San Nicolás» (recordar que este convento perteneció a la collación de San Nicolás) y «San Benvenuto«. El segundo cuerpo está constituido por un gran arco de medio punto que se ajusta al espacio de la sala. Dos pequeños altares completan la decoración de la capilla, dedicados a «San Eulogio» y «San Fernando«.
Capilla de la Oración en el Huerto
En la Capilla de la Oración en el Huerto destacan las imágenes titulares de la Cofradía del Huerto: «Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto«, «Nuestro Padre Preso y Amarrado a la Columna» y «María Santísima de la Candelaria«; las dos primeras son obras anónimas del siglo XVII, mientras que la Virgen es de Antonio Rubio, del año 1974. La figura del «Ángel» procesiona con el Señor en Semana Santa y es obra del cordobés Miguel Ángel Arjona Navarro.
Capilla de la Virgen de Fátima
Las dos últimas capillas están unidas entre sí, es decir, el único elemento que las separa es un arco de medio punto. La primera de ellas es la Capilla de la Virgen de Fátima, en la que destaca un retablo dorado de bella factura, dividido en tres calles y dos cuerpos profusamente decorados. En el centro de la composición se halla la «Virgen de Fátima«, de tez morena y pequeño formato. A la derecha destaca una talla de «San Antonio con el Niño«, y en la izquierda otra de «San Juan Nepomuceno«. El retablo es coronado con arco de medio punto que alberga la Santa Cruz.
Psalmodia Eucharistica
A la derecha se encuentra una de las obras más importantes de cuantas posee la iglesia, se trata de un óleo sobre lienzo titulado la «Psalmodia Eucharistica«, que representa a Cristo con la cruz a cuestas, cayendo su sangre mezclándose con las uvas que pisa. Se trata de un tema de profundo calado iconográfico, en el que trataremos de profundizar en futuros apartados destinados a la pintura de nuestra ciudad.
Capilla de Nuestra Señora del Pilar
Finalizamos con la Capilla de Nuestra Señora del Pilar , un espacio de similares dimensiones al anterior, decorado con un retablo dorado del siglo XVIII. La sala está cubierta por una cúpula profusamente decorada con motivos vegetales y geométricos, al gusto de la época. El retablo está dividido en tres calles, separadas por estípites en el cuerpo inferior, y pilastras en el superior. En el centro se sitúa una pequeña imagen de “Nuestra Señora del Pilar“, que aparece representada junto al Niño.
El Edificio
La planta de la Iglesia de San Francisco consta de una sola nave y un gran crucero, con capillas laterales ubicadas en el lado de la epístola, entre contrafuertes, y altares en el lado del evangelio. La cabecera está compuesta por tres ábsides poligonales con contrafuertes que se manifiestan al exterior; en la actualidad, sólo el ábside central y el del lado del evangelio conservan su estado original. Como soporte fue utilizado el pilar acodillado, que sustentaba los arcos de ingreso de las capillas absidiales y los torales, además de las columnas en los ángulos en los del polígono de los ábsides.
Un dato interesante es la falta de uniformidad entre soportes y los distintos elementos de las bóvedas, lo que nos da a entender que hubo dos fases constructivas: una primera desde el suelo hasta el arranque de las bóvedas, y una segunda fase en la que se realizaría la cubrición del recinto. Las bóvedas eran todas de crucería, con cuatros plementos, excepto en el ábside, que era de seis, cuyos nervios estaban constituidos por un baquetón, que puede ser redondeado, caso de las capillas, o apuntado, como en el crucero.
Transformaciones históricas
Las primeras transformaciones sufridas por la iglesia medieval datan del siglo XVII, con las reformas de varias capillas, caso de la de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto. A finales de siglo se realiza el claustro del convento, del que se conservan restos, desapareciendo parte del mismo en 1836 tras la Desamortización.
Será en el siglo XVIII cuando la Iglesia de San Francisco sufra las mayores reformas, consistentes en la trasformación del conjunto medieval en templo barroco. Se realiza una nueva portada. En el interior, el arquitecto Francisco López cambia la configuración de cabecera y nave central, además de la Capilla de Nuestra Señora del Pilar.
El interior del templo
En la actualidad, la Iglesia de San Francisco poco tiene que ver con lo que originariamente fue, la nave central ahora está cubierta por una gran bóveda de cañón con lunetos, el acceso a las capillas se realiza por medio de arcos de medio punto sobre grandes pilares. A los pies de la nave se alza el coro, que se alarga por los lados avanzando a modo de tribuna por los laterales. Los blancos muros de la iglesia contrastan con la decoración gris azulada y los dorados que se dispersan en la totalidad del templo.
El crucero está presidido por una excepcional cúpula ovalada sustentada sobre pechinas decoradas con imágenes de personajes ilustres de la orden franciscana. Todo se encuentra profusamente decorado, muy al gusto de la época, donde las yeserías se encargan de dotar de efectismo y movimiento al conjunto. Los brazos del crucero se extienden a ambos lados del mismo, desde donde arrancan los ábsides laterales.
El antiguo claustro y el entorno
Del exterior destacar las dos crujías que aún quedan en pié del claustro del antiguo convento. Se trata de un claustro de dos plantas, ambas se manifiestan al exterior por medio de arcos de medio punto sobre estrechas columnas de fuste liso y capitel toscano, que descansan sobre pedestales. La disposición de los arcos es de dos a uno, es decir, por cada arco de la planta baja, se disponen dos en la segunda. En lo demás, destaca por su gran austeridad, en contraste con el interior de la iglesia.
Recuerda los tiempos del monasterio la calle que nos lleva a la iglesia, es la Calle Compás de San Francisco. A este espacio se accedía por medio de la Puerta del Compás, que lo une con la Calle de la Feria. La puerta del compás fue realizada a fines del siglo XVIII, y se compone por un arco de medio punto flanqueado por dos pares de pilastras de capitel jónico sobre pedestal. Sobre el vano puede apreciarse una hornacina que en su momento albergó una imagen de «San Francisco«, hoy desaparecida. La estampa de la Iglesia de San Francisco desde esta puerta es excepcional.
La fachada
La fachada es muy sencilla, está rematada por un gran frontón triangular coronado por bolas de corte herreriano. La portada, de piedra, se divide en tres calles y tres cuerpos. El primero se encuentra presidido por el vano de acceso de medio punto, con pilastras sobre pedestales y decoración geométrica. El segundo cuerpo, sobre entablamento corrido, destaca por albergar en una hornacina avenerada una imagen de mármol blanco que representa a «San Fernando«, que aparece coronado y portando una espada. La portada es rematada, en su tercer cuerpo, por un vano adintelado, flanqueado por columnillas que sustentan un frontón circular partido. Destacar, para terminar, los distintos planos en los que se encuentran los diversos elementos que componen la fachada, confiriendo al conjunto de una gran plasticidad y dinamismo.
Visitar la Iglesia de San Francisco
Si se pregunta qué visitar en Córdoba, una buena opción serían las Iglesias Fernandinas, eligiendo una de nuestras visitas guiadas. De este modo podrá conocerlo todo sobre la Iglesia de San Francisco. Apostar por hacer turismo de calidad es hacerlo por ArtenCórdoba.
Texto: J.A.S.C.
Preguntas frecuentes Iglesia de S. Francisco y S. Eulogio
El Monasterio de San Pedro el Real fue fundado por el Rey Fernando III el Santo, quien lo estableció como un centro religioso en la zona de la muralla de Córdoba.
El Portillo de San Francisco, conocido también como Postigo de los Descalzos o Portillo de Corvache, era una entrada embutida en la muralla que comunicaba la Medina con el barrio oriental, facilitando el acceso a la zona.
La comunidad franciscana fue fundamental en la historia del monasterio, llegando a ser Casa Madre de la orden. Durante su apogeo en los siglos XVII y XVIII, el monasterio albergó a más de un centenar de frailes.
Tras la desamortización de 1810, el monasterio fue despojado de su función religiosa y, en 1842, la casa de San Pedro el Real fue vendida, quedando solo la Iglesia de San Francisco.
La Iglesia de San Francisco es uno de los templos más importantes de Córdoba, ya que alberga dos cofradías, La Oración en el Huerto y La Caridad, y es un ejemplo destacado de patrimonio religioso.
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