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Desde los más remotos tiempos de la historia de la humanidad, el sueño de volar ha sido una constante en el pensamiento del hombre. Si nos remontamos a la antigua Grecia, en el mito de Dédalo e Ícaro queda patente ese deseo de surcar los cielos.

Durante el gobierno del Emir Omeya Abderramán II y de su sucesor Muhammad I, nació un brillante inventor y pensador: Abu I-Qasim Abbas Ibn Firnas. Sus geniales aptitudes en el campo de la poesía y de la astrología, le permitieron formar parte de la corte del mismísimo Abderramán II y también del sucesor de éste.

Entre otros instrumentos, llevó a cabo el diseño de la clepsidra o reloj de agua, muy útil para medir el tiempo cuando al caer la noche los relojes de sol perdían su utilidad.

La técnica de la talla del cristal de roca o cuarzo, que hasta entonces sólo habían sido capaces los egipcios de llevarla a cabo, Abbas Ibn Firnas ideó una técnica para facetarlo.

Como astrólogo, desarrolló la creación del astrolabio, instrumento esférico utilizado para demostrar el movimiento aparente de las estrellas alrededor de la Tierra o el Sol y también, construyó un planetario en su casa.

Queda patente pues la mente tan brillante de Ibn Firnas, pero a él le perseguía el sueño de volar, siendo en 852 cuando decide, utilizando una lona, arrojarse desde una torre en Córdoba. Sufrió heridas leves y es por este acto por el que se le conoce como el precursor del paracaídas.

Representación del vuelo de Ibn Firnas. Fuente: Google Images
Representación del vuelo de Ibn Firnas. Fuente: Google Images

Pero aquí no terminaría su intento de surcar los cielos ya que en 875 se hizo confeccionar unas alas de madera recubiertas de tela de seda adornadas con plumas de rapaces. Se lanzó de nuevo desde una torre ante la mirada atónita de los presentes a quienes él mismo había invitado. El vuelo fue un éxito ya que se mantuvo en el aire algunos segundos pero pasados estos, aterrizó de una forma muy aparatosa llegando a fracturarse ambas piernas. Tras un tiempo de recapacitación, llegó a la conclusión de que el fallo había estado en no añadir a su artefacto una cola.

Su pasión y sus intentos de volar, calaron  hondo en los pensamientos de la época y también en siglos posteriores.

En Córdoba, la ciudad que le vio volar, se inauguró en enero de 2011 un puente sobre el río Guadalquivir con su nombre erigiéndose en su centro la figura del pensador andalusí desde la que se levantan dos alas.

Puente Ibn Firnas en Córdoba. Fuente: Google Images.
Puente Ibn Firnas en Córdoba. Fuente: Google Images.
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