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“El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras”

Cabalgar a lomos de caballos ha sido, desde hace milenios, una necesidad para el hombre. Es posible que las grandes migraciones de los pueblos no hubiesen alcanzado el éxito si no se hubieran hecho cabalgando. Inclusive, si tenemos en cuenta que al principio se montaba a pelo sobre el animal; o a lo sumo sobre una manta. Aunque esto sería unos 4.000 años atrás, cuando el jinete se apoyaba sobre un trozo de cuero o madera con la forma de la espalda del caballo. Evidentemente estos primeros “modelos” de montura no ofrecían seguridad ni afianzamiento y lo más probable es que sirviera de bien poco en largas distancias. Hace unos 2.000 años, los guerreros de las estepas asiáticas empezaron a usar una silla de cuero con la forma arqueada del lomo del animal atada fuertemente con correas. Esto les permitía galopar y combatir disminuyendo las caídas del caballo. Con el paso del tiempo, las sillas fueron modificando en diseño y comodidad tanto para el jinete como para el caballo, para pasar de los grandes armazones de madera medievales hasta la estilizada silla inglesa de la caza del zorro. Incluso los estribos cambiaron ligeramente. Los primeros eran muy bajos y los jinetes dejaban colgar sus piernas hasta ellos. Sin embargo con la silla inglesa, los estribos subieron para llevar las piernas ligeramente flexionadas y facilitar así el salto del caballo en el caso de tener que salvar algún obstáculo.

Silla de Alta Escuela

Silla de Alta Escuela

En cuanto a modelos, hay tantas sillas como variedades de doma ecuestre hay en el mundo: La vaquera española, la gaucha argentina, la bardera de los butteri italianos, la charra mexicana, la vaquera francesa de los camargos, la vaquera chilena, la vaquera americana (la de los cowboys de toda la vida de las películas del Oeste), la clásica o la de alta escuela. En cualquier caso merece destacar las sillas usadas en España, y concretamente aquellas que pueden verse en el espectáculo ecuestre de las Caballerizas Reales de Córdoba: La silla de Alta Escuela, la silla clásica y la silla vaquera española.

La silla de Alta Escuela es una modernización de aquella silla barroca que se usó en Europa durante siglos, aunque las actuales se acercan más en diseño a las sillas de doma clásica, que son muy estilizadas, básicas y de dimensiones reducidas; pensadas para trabajo en picadero, doma o exhibición. No poseen pomo delantero y presentan un borrén trasero (respaldo) algo elevado para evitar que el jinete se desplace hacia atrás en un salto. Los estribos son simples apoyos para los pies pues presentan una base estrecha y un arco metálico de construcción básica. Por el contrario, la silla vaquera española resulta ser un tanto más compleja que la anterior, habida cuenta que está pensada para garantizar la comodidad del jinete tras muchas horas montando en terrenos abiertos. Es la que usan los vaqueros para conducir reses bravas por dehesas normalmente desde el alba hasta el atardecer; por lo tanto está concebida para dar mayor confort y seguridad a los jinetes y a los propios caballos. En el armazón de esta silla podemos ver un pomo delantero y un buen respaldo que en el mundo del caballo se conoce como “concha”.

Silla vaquera

Silla vaquera

Esta silla posee un buen acolchado por debajo para amortiguar el peso sobre la espalda del caballo, y en la parte superior dispone de una zalea de oveja, que da comodidad al asiento del jinete, atada con unas finas tiras de cuero llamadas agujetas. Dispone además, esta silla, de unas riendas de repuesto por si se rompieran las de uso durante la estancia en el campo. Pero lo que más destaca a la silla vaquera son los estribos con que se acompaña. Son grandes, de hierro, con un apoyo amplio para toda la bota del jinete y cerrado por los laterales para proteger el pie en caso de caída accidental del caballo sobre la pierna del jinete.

Si aún tiene curiosidad por ver de cerca cualquiera de estas sillas, no dude en pasar por las Caballerizas Reales de Córdoba y contemplar las que visten los caballos Pura Raza Española de la Asociación Córdoba Ecuestre. ¡Un placer para nuestros sentidos!

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