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“El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras”

La actual capilla de Santa María de las Nieves y San Vicente Mártir es una de las primeras que nos encontramos al acceder al templo, situada en el muro occidental.

Se trata de una fundación del siglo XV, que fue refundada y reconstruida a finales de ese mismo siglo. Ha sufrido muchas remodelaciones, y de aquella época no queda nada, salvo la lápida funeraria del prior Pedro García de la Vereda, segundo fundador de la capilla.

Las razones de estos cambios –en parte– están en las excavaciones que hizo Félix Hernández entre 1931 y 1935, en las 5 primeras naves del templo, contando desde el muro occidental. El arquitecto quería comprobar las dimensiones de la mezquita original y encontrar restos que confirmaran la existencia de la basílica de San Vicente. Estas obras derribaron el muro norte de esta capilla. Hasta estas fechas, tuvo un altar barroco, que hoy podemos ver en la iglesia parroquial de La Carlota, a donde fue llevado en 1989.

El último de los cambios realizados en la capilla tuvo lugar no hace demasiados años, cuando se colocó una escultura de San Vicente, obra del cordobés Miguel Arjona. La ubicación de esta escultura se debe a que en esta zona se localizaron restos que tradicionalmente se han interpretado pertenecientes a la basílica o el complejo episcopal de San Vicente, el principal centro de culto cristiano hasta que Abd al-Rahmán I compró el solar para construir la mezquita. Los únicos restos que actualmente se puede contemplar están, precisamente, frente a la capilla.

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La capilla, vista desde el lado norte.
fuente: diocesisdecordoba.com

En el muro sur, donde estuvo el altar desde 1923 y hasta su desmonte, se ha colocado un cuadro del siglo XIX,  San Carlos Borromeo repartiendo limosna a los pobres.

A ambos lados, dos pequeñas tallas representan a San Acisclo y Santa Victoria. Son imágenes del siglo XVI, que originalmente estuvieron en la capilla de los Santos Patrones –en el muro occidental–, cuyo retablo también sufrió el desmonte en el siglo XIX y traslado a otra parroquia, la de Santa Bárbara, en Pueblonuevo.

Finalmente, bajo el cuadro se sitúa una pequeña imagen, también en madera, de la Virgen de la Candelaria. Fue realizada en la primera mitad del siglo XVIII por Pedro Duque Cornejo, el gran escultor que trabajó en Córdoba durante esos años, en la gran sillería barroca del Coro de la Catedral.

Virgen de la Candelaria, de Pedro Duque Cornejo.
Fuente: diocesisdecordoba.com

Duque Cornejo nació en una familia de artistas: su abuelo fue Pedro Roldán, uno de los grandes escultores de la escuela sevillana del Seiscientos; su tía fue Luisa Roldán, conocida como La Roldana, quien llegó a ser escultora de cámara para los reyes  Carlos II y Felipe V. Y él mismo, uno de los más importantes escultores del XVIII. Además de escultor y pintor, será uno de los más reputados retablistas de su época. Ejemplo de ello tenemos la gran obra que realizó para la iglesia de San Andrés en Córdoba. Suyo es el diseño, así como las tallas principales: Calvario, ángeles de la Pasión y Arcángeles. En ellas, como en la pequeña Virgen de la Candelaria, se aprecia la influencia del barroco italiano, en las líneas sinuosas y el movimiento de los ropajes, que aportan gran dinamismo a sus esculturas.

Virgen de la Candelaria, de Damián Castro, en el tesoro de la Mezquita-Catedral.
Fuente: conferenciaepiscopal.es

Esta imagen sirvió como modelo a otra, esta vez de plata, realizada por el orfebre Damián de Castro, la cual se conserva en el tesoro de la Catedral.

Pese a su reducido tamaño, es una pequeña gran obra, y no queríamos olvidarla hoy, 2 de febrero, día de la Candelaria.

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