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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Hoy, nos detendremos en la Casa señorial del Bailío, situada en la parte alta de la conocida Cuesta, cuya función es poner en comunicación la parte alta de la ciudad o Medina con la parte baja o Axerquía y a la que le da nombre dicha casa.

Su origen, se remonta al reparto de solares que llevó a cabo Fernando III «El Santo» tras la conquista de la ciudad, recayendo éste en manos de la familia de los Fernández de Córdoba, señores de Aguilar.

Sin embargo, habrá que esperar hasta el siglo XVI para conocer el origen del nombre de esta casa y es que en ella habitó Pedro Núñez de Herrera, más conocido como el gran bailío de Lora de la orden de San Juan, agente de la administración señorial de dicha localidad.

Lo más destacable al exterior es su portada, de estilo tardogótico y atribuida a Hernán Ruiz II, de la cual nos llama la atención la decoración plateresca del tímpano a base de motivos vegetales y temas mitológicos. Es un buen ejemplo de la arquitectura señorial cordobesa que se desarrollará desde el siglo XVI hasta el XVIII.

En 1710, los Marqueses de Almunia heredaron el palacio y vendieron una parte para la edificación del Hospital de San Jacinto y la Iglesia de Nuestra Señora de los Dolores.

A lo largo de su historia, el edificio ha tenido varios usos, albergando en nuestros días la Biblioteca Viva de al-Andalus de la Fundación Roger Garaudy, de la cual hablaremos en otra ocasión.

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Vista de la fachada del Palacio del Bailío desde la cuesta.

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