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Ante la relevancia de los acontecimientos ocurridos el 17 del mes de marzo de 45 a.C., histórico día en el que se produjo la decisiva Batalla de Munda, mucha menos atención han recibido en la historiografía tradicional (relativa a la decisiva campaña militar que enfrentó a Julio César y los hijos de Cneo Pompeyo “el Magno”) otros destacados episodios acaecidos en Corduba durante dicha campaña. Narrados asimismo por el Bellum Hispaniense y tratados con más detenimiento por los profesores Rodríguez-Neila y Ferreiro, estos sucesos fueron preludio y triste epílogo de una campaña militar decisiva en la victoria definitiva de César sobre el bando pompeyano, terminando con la última resistencia en Hispania a su incipiente dictadura en los estertores de la República Romana, ya moribunda.

Cneo Pompeyo

Cneo Pompeyo, el Joven

Acontecimientos que comenzaron a precipitarse con una épica cabalgada. Avisado César del fortalecimiento en la entonces Provincia Ulterior de Cneo y Sexto Pompeyo, hijos del “Magno” -traicionado y asesinado poco antes tras su dura derrota en Farsalia- y herederos de su causa optimate, recorre protegido por su guardia personal en una cabalgada frenética la distancia entre Roma y Obulco -actual Porcuna, donde reúne a sus legiones- en entre veinticuatro y veintisiete días, según las fuentes. Toda una proeza que parece ser pasó factura a su salud. Una vez allí reunido con sus generales y sin tiempo que perder toma decisiones importantes para el devenir de la campaña: mandar seis cohortes de su ejército en ayuda de Ulia -actual Montemayor y una de sus pocas plazas fieles en la zona- que estaba siendo asediada por las tropas de Cneo Pompeyo; Y por otro lado lanzar un ataque rápido y fulminante sobre Corduba, capital de la provincia y plaza fuerte del bando pompeyano defendida por Sexto.

Puente Romano

Puente Romano

La campaña militar había comenzado. César, informado de la oportunidad existente de tomar rápidamente la capital con una incursión nocturna, selecciona tropas experimentadas para esa labor pero son descubiertas entablándose un primer y duro combate muy cerca de la ciudad, en la orilla sur del Baetis. Una vez fracasado el plan, el dictador marcha en los primeros días del año 45 a.C. con el grueso de sus legiones sobre Corduba, fuertemente amurallada. Pese a ello Sexto Pompeyo, temeroso, escribe a su hermano Cneo que levanta el cerco de Ulia cuando estaba a punto de tomarla y acude en su auxilio. Se entabla entonces un durísimo combate en los alrededores de la actual Torre de la Calahorra por el control del puente fijo que ya existía en el río, punto eminentemente estratégico para el acceso a la ciudad y bien defendido por los pompeyanos. Ante la imposibilidad de tomarlo por la fuerza, mientras la lucha se alarga muchos días sufriendo gran número de bajas en ambos bandos, César decide, en un alarde de recursos, construir su propio puente a base de tablones y cestos llenos de rocas en uno de los meandros que el río hace aguas arriba, tal vez a la altura del Molino de Martos o más allá en el Arenal, donde la corriente se ralentiza. Una vez cruzan sus legiones a la orilla norte, establece el campamento a cierta distancia de la potente muralla republicana que ya asedia, sin olvidar que ésta discurre a unos seiscientos metros del río. A su vez, Cneo Pompeyo monta sus reales en la elevación conocida como “El Cerro”, al sur del puente, desde donde apoya la defensa del mismo y vigila los movimientos cesarianos. Ambos bandos son conscientes de la importancia de esa estructura para el devenir del asedio de Corduba. El dramatismo del enfrentamiento aumentó al tiempo que se apilaban los cadáveres en la orilla sur del Baetis. Pero esta guerra de desgaste favorecía claramente a los pompeyanos quienes supieron resistir la acometida en los frentes, Sexto pertrechado y abastecido en la ciudad bien fortificada y

Julio César

Julio César

Cneo apoyando desde el sur y haciendo peligrar la retaguardia de César quien, consciente de la precariedad de su situación decide aceptar el revés, poner fin al asedio y replegarse hacia el sureste en dirección a Ategua la noche del 20 de enero. Los pompeyanos, sabedores de la superioridad táctica del dictador rehusaron un enfrentamiento directo a campo abierto, pues si bien sus tropas eran superiores en número eran menos experimentadas. Por su parte César buscaba apoderarse de la ciudad ategüense donde abastecerse adecuadamente merced a sus silos repletos de grano, comenzando así un periplo por la campiña repleto de asedios y escaramuzas entre sus ocho legiones -o diez, según la fuente- y las trece que dirigen Cneo Pompeyo y Tito Labieno hasta que son derrotados por César en la Batalla de Munda.

Tras la decisiva batalla del 17 de marzo, cuya ubicación no es aún segura y en la que dijo Julio César no luchar sólo por la victoria, sino incluso por su vida, el ejército victorioso vuelve a asediar Corduba estableciendo el cerco sin lograr detener la huida de Sexto Pompeyo, quien deja huérfana la defensa de una ciudad que ya no tarda en caer. Se produce además un terrible incendio que destruye la ciudad casi por completo y lo que es aun peor, una sangrienta matanza en la que mueren unos veintidós mil cordobeses. Se trata sin duda de la noche más triste y nefasta de Córdoba y su dilatada Historia, la del 22 de marzo de 45 a.C. Pocos días después y a falta de apenas un año para su asesinato en el Foro de Roma, el conquistador de Las Galias y victorioso genio militar pronuncia un recordado discurso en Hispalis en el que se muestra visiblemente afectado por lo ocurrido en Corduba, colofón de uno de los episodios más dramáticos y decisivos de nuestra Historia.

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