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Cristóbal Colón, con 19 años, se casó con la noble portuguesa Felipa Moñiz de Parestrello, que solamente sobrevivió 8 años a este matrimonio. Así pues, en 1484, el viudo Colón, acompañado de su hijo Diego, de cinco años de edad, se trasladó a Castilla y fue recibido por los duques de Medinaceli e instalado en su propio palacio, donde permaneció casi dos años. En 1486, marchó en busca de la corte de los Reyes Católicos, que había salido de Córdoba en octubre del año anterior. El 20 de enero de 1486 Cristóbal Colón, en Alcalá de Henares, expuso ante los Reyes Católicos su proyecto de abrir una ruta por el Atlántico para llegar a las Indias Orientales. Para obtener esta audiencia, hizo uso de las influencias que le había proporcionado su amistad con el fraile de La Rábida Antonio Marchena, eminente astrónomo onubense y fiel defensor de sus teorías. Sin embargo, la defensa de su proyecto no despertó la curiosidad del rey Fernando y sí una nota de interés en Isabel. A pesar de ello, los Reyes estaban demasiado ocupados en la guerra con el reino de Granada y no prestaron mucha atención a las ocurrencias del marino.

Cristóbal Colón frente a los Reyes Católicos en el Alcázar de los Reyes Cristianos de Córdoba

Los años anteriores a la conquista de Granada, los reyes pasaban largas temporadas en Córdoba, saliendo de esta ciudad al llegar el otoño y volviendo la primavera siguiente. Así que Colón decidió establecer su residencia en esta ciudad para poder estar más cerca de ellos a la hora de autorizarse una nueva audiencia con la corte. Su insistencia tuvo algunos frutos, porque en mayo de 1487, mientras los RR.CC. tomaban la ciudad de Málaga, el tesorero de la reina Francisco González de Sevilla entregó a Colón 3.000 maravedíes en concepto de “Servicio a Sus Altezas”. En agosto del mismo año, también el tesorero entrego a Colón otros 4.000 maravedíes por el mismo concepto. Y en octubre otros 4.000 maravedíes. Al año siguiente, en junio de 1488, se entregaron a Colón otros 3.000 maravedíes. Colón vivía en Córdoba con Beatriz Enriquez de Arana, con la que tuvo su segundo hijo, Fernando.

En mayo de 1489, a instancias de la propia Reina, en Córdoba, se redactó una Real Cédula en la que pedía a las autoridades de todas las villas y lugares de Castilla y Aragón, ofrecieran a Colón alojamiento en buenas posadas, que no fueran mesones, sin dineros, tanto a él como a los suyos. Con una multa de 10.000 maravedíes para quien contraviniere esta orden.

A finales del año 1491, Cristóbal Colón parecía a punto de renunciar al sueño que llenaba todos sus pensamientos desde hacía una década: la travesía marítima hacia Asia a través del océano. Los consejeros de los reyes y los expertos de la junta formada en Salamanca en 1486 se mostraban escépticos, cuando no hostiles, a un proyecto inusitado, que contradecía muchas ideas del momento.

Gracias a su seguridad en sí mismo y su entusiasmo visionario, Colón esperó hasta que la conquista de Granada estuviera finalizada y, después de ello, persuadió a los Reyes Católicos de aceptar su proyecto con el apoyo decidido de varios personajes clave de la corte castellana. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe pactadas y firmadas por fray Juan Pérez, representante de Colón, y Juan de Coloma, secretario de Fernando el Católico. En la negociación final, Colón exigió que se le concediera el título hereditario de Almirante del Mar Océano, el cargo de virrey y gobernador, y el diez por ciento de las ganancias del descubrimiento.

El resto es historia bien sabida.

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