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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Imagen de la Biblioteca Cervantes Virtual

Al menos desde que hay constancia escrita, la justicia se articuló con disposiciones de carácter preventivo y sanciones para reprimir el crimen. Una de las medidas de carácter preventivo fue la limitación del uso de armas a particulares en el interior de las ciudades, sobre todo en horas nocturnas; evitando así, que se amparasen en la oscuridad de la noche para cometer delitos. Tras el toque de campanas que anunciaba la puesta de sol, las puertas de las murallas se cerraban hasta el alba y, durante ese tiempo, los habitantes de la ciudad tenían prohibido circular por las calles salvo circunstancias bien justificadas, siempre desprovistos de armas y portando luz para permitir la identificación. El control de personal era mucho más intenso en las zonas urbanas más conflictivas; es decir, en las calles donde se concentraban tabernas, mesones, prostíbulos, locales de juego o albergues para forasteros. Para mantener el control, las ciudades contaban con un cuerpo municipal de alguaciles encargado de efectuar la ronda nocturna, vigilar las calles y espacios públicos, perseguir y apresar a los delincuentes, mantenerlos bajo custodia en las cárceles a la espera de juicio y cumplir cuantas órdenes dictasen los jueces en el transcurso de los procesos. Hacia 1400, se dio facultad a los vecinos para elegir alcaldes y alguaciles, los cuales, en todo caso, debían ser confirmados por el señor para poder ejercer su oficio.

El alguacilazgo municipal solía estar dirigido por el alguacil mayor, oficial encargado de controlar las cuestiones relativas a la seguridad de la urbe, que se manifiesta como un cargo de extraordinaria importancia en el organigrama concejil. El cargo de alguacil mayor solía estar en manos de la nobleza local; en Córdoba, por ejemplo, los Fernández de Córdoba lo fueron durante buena parte de los siglos XIV y XV. Por tanto, los alguaciles eran un cuerpo de seguridad que mantenía el orden en las ciudades e incluso investigaba los hechos denunciados. En Sevilla, en 1494, los alguaciles reciben orden de apresar a Isabel Soto y su amante Jaime, denunciados por el marido de la primera por infidelidad; y descubren que ambos vivían juntos, hallándolos, dice el documento, “desnudos en una misma cama, con la cámara cerrada y solos”, lo cual no dejaba lugar a dudas de la denuncia.

Los alguaciles formaban un cuerpo de seguridad dentro de las ciudades, que podían recabar la ayuda de los vecinos en caso necesario. Se estipulaba que, en caso de que un alguacil necesitara a cualquier persona del lugar para prender a un delincuente, esta estaría obligada a colaborar en tal misión. Vemos, por tanto, hombres que, sin ser alguaciles, mediaban en los conflictos, imponían la paz y protegían a los agredidos. Esta actitud estaba más extendida de lo que parece pues muchos documentos hacen referencia, a las “buenas personas” que impiden acciones criminales.

Santa Hermandad (mangas verdes)
http://josecarlosrincon.blogspot.com/

Si el delito ocurría en el campo, en despoblado o en un camino, quien se encargaba de ello era la “Hermandad”; institución que se parecía más a una fuerza policial moderna, dedicada a la persecución del criminal. Varias poblaciones unían o hermanaban sus efectivos para actuar en zonas rurales. En 1265 se formó una primera “hermandad menor” en las zonas reconquistadas del sur de Castilla, que abarcaba los municipios de Córdoba, Jaén, Baeza y Úbeda, entre los más relevantes. Sobre todo, para la persecución de grupos de malhechores en campo abierto, ya que este ámbito estaba fuera de las posibilidades de los alguaciles de las ciudades. A mediados del siglo XV, la Hermandad fue refundada por Enrique IV pasando a llamarse “Santa Hermandad”, ratificada más tarde por los Reyes Católicos. Esta institución vestía una camisa de color verde, que asomaba bajo el chaleco, dando lugar a uno de los refranes más populares de España: “A buenas horas, mangas verdes”; haciendo referencia a que llegaban al lugar cuando el crimen ya se había consumado. Y es que parece ser, que la Santa Hermandad tuvo mucho trabajo desde su fundación, pues según se desprende de la lectura de la documentación relativa a la segunda mitad del siglo XV de los reinos de Jaén, Córdoba y Sevilla, los homicidios y agresiones con heridas de sangre o mutilación, acaecidos fuera de las ciudades, alcanzaron el 75% del total de delitos cometidos. La Santa Hermandad fue disuelta en 1834.

Hoy en día, la figura del alguacil ha quedado limitada a algunos trabajos relativos a la justicia y, casi siempre, es figura de uso interno en los tribunales. De los trabajos que desarrolla el alguacil, la más conocida es la que realiza en las plazas de toros antes del inicio de las corridas donde recibe el nombre de alguacilillo. En estos casos, actúa a las órdenes del presidente de la corrida, siendo encargado de velar por la seguridad dentro del ruedo, evitando que los espontáneos salten a la arena y entregando los premios que reciben los toreros tras la faena.

Alguacilillos en el ruedo.
http://www.escaleradelexito.com/el-alguacilillo/
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