Arte en Córdoba

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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Córdoba es una ciudad que enamora, y no solo por sus monumentos. Uno de sus grandes atractivos es perderse en las callejas del entorno de la Mezquita Catedral para descubrir rincones llenos de encanto. Pero en una ciudad que tiene uno de los cascos históricos más grandes de Europa, hay otros rincones, otras calles y otros monumentos: son aquellos que ofrecen a quienes los visitan la oportunidad de encontrarse con otra Córdoba, más tradicional, de pasear y disfrutar a su ritmo en entornos alejados de los circuitos turísticos.  Hoy os propongo un paseo por uno de esos lugares: la Axarquía norte.

Empezamos con un poquito de historia: esta zona tiene su origen en arrabales que en época musulmana fueron surgiendo fuera de la ciudad amurallada, la madina. Tras la conquista de Fernando III el Santo, en el siglo XIII, fueron repoblados con cristianos llegados de diversas zonas del reino de Castilla, y se organizaron en collaciones, cuyo centro era una iglesia. Nuestro paseo de hoy abarca las antiguas collaciones de Santa Marina y San Lorenzo, las situadas al norte de las actuales calles de Santa María de Gracia, Realejo y San Pablo.

Vista de la Puerta del Rincón
Fuente: Cordobapedia / Autor: Rafaelji / Licencia: cc-by-sa

Puerta del Rincón. Esta torre de época romana conectaba los lienzos norte y este de la muralla. A partir de este punto, se prolongó hacia el norte en época musulmana. Restos de esta muralla se pueden ver hoy día en la calle Adarve.

Hoy día está restaurada y desde  2014 se puede ver en ella un conjunto escultórico dedicado a los cuidadores de los patios.

Torre de la Malmuerta

Torre de la Malmuerta. Cuenta la leyenda que la torre se construyó para expiar el crimen cometido por un marido celoso, que mató a su mujer al pensar que le era infiel. La leyenda tiene su base histórica en un hecho acaecido en el siglo XV, y que sirvió de inspiración a Lope de Vega para su obra Los comendadores de Córdoba. La historia, sin embargo, no es tan sugerente, pues se trata de una torre albarrana construida antes de que ocurrieran los hechos. 

Iglesia de Santa Marina

Plaza de los Conde de Priego e Iglesia de Santa Marina. La iglesia es una de las fernandinas, es decir, fundadas en el siglo XIII por orden de Fernando III el Santo. Su advocación, Santa Marina de Aguas Santa, no es común en la provincia, y es que se trata de  una devoción gallega que seguramente trajeron a Córdoba los repobladores que vinieron de aquellas tierras.

El barrio de Santa Marina es conocido como el barrio de los toreros: es en esta parroquia donde se casan los toreros, y frente a ella, en la plaza de los Condes de Priego, está situado el monumento a Manolete, un gran conjunto escultórico que se construyó años después de la muerte del torero. Un poco más al norte, en la plaza de la Lagunilla -otro rincón para descubrir-, se ubica otro busto dedicado a este Califa del Toreo.

Portada del Palacio de Viana

Palacio de Viana. Antiguamente conocido como Casas de don Gome, el origen de este palacio está en el siglo XV. Estuvo habitado hasta la década de 1980, cuando marquesa de Viana lo vendió a la Caja de Ahorros de Córdoba, hoy Cajasur. Su encanto reside en los 12 patios y el jardín, así como la increíble colección que atesora en su interior, la misma que los Marqueses de Villaseca primero, y de Viana después conservaron y que permaneció intacta tras su venta. 

Fachada de la iglesia de San Agustín

Iglesia de San Agustín. Los monjes agustinos se establecieron en la ciudad en el siglo XIII, pero no será hasta el XIV cuando trasladen el convento a este barrio. Fuera del horario de misas, abre unas horas a la semana, pero merece la pena la visita, pues tras la sencilla portada se esconde una de las mejores muestras del barroco en Córdoba, así como una de las grandes devociones cordobesas: la Virgen de las Angustias, obra del cordobés Juan de Mena.

Fachada de San Lorenzo Mártir

Iglesia de San Lorenzo. Levantada sobre una antigua mezquita del siglo X, San Lorenzo es otra de las iglesias fernandinas. En contraste con San Agustín, su belleza reside en su sencillez. Su perfil es perfectamente reconocible, por el pórtico -único en la ciudad- y la torre. La iglesia permanece abierta varias horas al día, por lo que su visita es imprescindible. Así, podréis descubrir parte del alminar del siglo X y las pinturas originales del siglo XIV que decoraban el altar mayor, uno de los conjuntos más completos de Andalucía.

No me resisto a terminar sin citar la puerta del Colodro -por donde entraron las tropas cristianas durante la conquista de Córdoba-, los lienzos de murallas de Ollerías, límite del barrio; la fuente de la Piedra Escrita -una obra barroca que siempre ofrece agua fresca para reponer fuerzas-,  el Pozanco, pequeña plazoleta modelo de un urbanismo ya olvidado o la fuente de la Fuenseca -llamada así por la guasa de los vecinos, ya que en su emplazamiento habitual apenas brotaba agua. Sin duda, hay mucho más, pero eso, ya lo dejo a vuestra curiosidad.

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