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El Museo Arqueológico de Córdoba cuenta con una extraordinaria colección de piezas que nos permiten conocer nuestro pasado, desde épocas remotas hasta los siglos medievales. Los almacenes y salas del museo nos hablan de grandes nombres de la Historia como Séneca o Abd al Rahman III. Sin embargo, son las historias anónimas las que más nos tocan el corazón; las historias de esos hombres y mujeres que, a lo largo de más de dos mil años, nacieron, vivieron, amaron y murieron bajo nuestro cielo; con sus virtudes y defectos; con sus miserias y sus virtudes; hombres y mujeres como nosotros.

En la planta baja del Museo, en la zona dedicada al ocio, poco antes de bajar a la cripta arqueológica del teatro, se encuentra la lápida funeraria de Tito Servio Claro, nuestro protagonista de hoy.

El texto dice así: T(itus) · SERVIVS ·T(iti) · L(ibertus) · / CLARVS · DISSI ·- / GNATOR · H(ic) · S(itus) · E(st) · / S(it) · T(ibi) · T(erra) · L(evis) (Titus Servius Clarus, liberto de Titus, acomodador. Aquí yace, seate la tierra leve).

Imagen: CILII7,0345

La pieza se encontró reutilizada como sillar, a más de tres metros y medio de altura en la puerta de Almodóvar. El hecho de ser una pieza de un tamaño considerable, nos lleva a pensar que el monumento funerario de nuestro personaje no estaría muy lejos del lugar donde posteriormente se reutilizó, en la conocida como necrópolis del Camino Viejo de Almodóvar.

Imagen: http://www.museosdeandalucia.es/web/museoarqueologicodecordoba/acceso-a-fondos

Según reza la inscripción, a finales del siglo II o durante la primera mitad del siglo III, en Córdoba vivió un hombre llamado Tito Servio Claro, que fue en el pasado esclavo de un tal Tito, quien tuvo a bien liberarlo de tal condición. Al convertirse en liberto, obtuvo el trabajo de dissignator. Según los estudios llevados a cabo, entre otros, por el Prof. Ventura, de la Universidad de Córdoba, la palabra dissignator podía referirse bien a los que ordenaban los cortejos fúnebres o a los que asignaban los asientos en el teatro. Todo parece indicar que se refería a este cargo. Sería, por lo tanto, uno de los muchos hombres que conseguían que las obras que se representaban en el gran teatro de Córdoba llegaran a buen fin. No nos referimos a los actores, sus máscaras y todo el oropel, sino a aquellas personas anónimas que acompañaban a los asistentes a sus asientos, que alquilaban los almohadones, que vendían la comida y bebida o que accionaban los mecanismos del velamen en los días de mucho calor.

Reconstrucción virtual del teatro romano.
Imagen: https://www.researchgate.net/figure/Figura-2-Reconstruccion-virtual-del-teatro-romano-de-Cordoba-Museo-Arqueologico_fig2_323616963

Siempre me ha resultado muy enternecedor el hecho de que Tito Servio Claro, del que sólo conocemos la pieza a la que nos dedicamos hoy, en su lápida mortuoria decidiera dejar constancia de su trabajo como acomodador del teatro. Y por otro lado, parece como si el Destino hubiera querido devolver al personaje al lugar en el que desarrolló su carrera profesional; a día de hoy, su lápida se expone en un museo que está sobre el que fue el gran teatro romano de Colonia Patricia Corduba, capital del Bética. Hombre y edificio unidos de nuevo cientos de años después.[magicactionbox id=”11191036″]

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