Que mayo es cordobés, es bien sabido. Sólo que mayo a veces es más que mayo. Si el refranero habla del cuarenta de mayo cuando mayo tiene treinta y un días, bien podríamos tomarnos una licencia y decir que el mayo cordobés empieza con la cata del vino en abril. Y como este año la feria acaba el primer fin de semana de junio, este año nuestro mayo tiene cinco semanas y media. Ea. Cata, cruces, batalla de las flores, patios, feria, gente en las calles, música, romerías, corridas de toros, bautizos, procesiones, flores, olores, color, mucho color, trajes de domingo, fuentes, alergias varias, visitantes perdidos desde San Basilio hasta la Magdalena, escenarios, albero, trajes de gitana, la calle del infierno, colas, cacharritos de la feria, buganvillas reventonas, comuniones, casetas, reuniones familiares, quedadas anuales con amigos, comidas de empresa que se van de las manos, terracitas a reventar, caballos, bodas, amigos forasteros que duermen en el suelo del salón con tal de no perderse nuestro mayo, sombrero cordobés, despedidas de soltera, despedidas de soltero, fotos, gafas de sol, abanicos, patatas asadas y hasta la lluvia y el frío se han sumado a las fiestas más de un año.

Sin embargo no siempre nos divertimos así ni los espectáculos fueron los mismos. El mes de mayo de 1655 se inauguró, un lunes coincidiendo con el día de la Cruz, con un bonito y lustroso auto de fe. Si hoy hay carteles, folletos, anuncios y redes sociales, en aquel tiempo, para que todos lo supieran, el pregón decía así: Sepan todos los vecinos y moradores, asistentes y residentes en esta ciudad de Córdoba, que los señores inquisidores apostólicos de ella y su partido, han de celebrar auto público de fe en la plaza de la Corredera, a honor y reverencia de Jesucristo Nuestro Señor y exaltación de su santa fe católica y la ley evangélica y extirpación de las herejías, el lunes que se contarán tres de mayo, de este presente año. Y se conceden las gracias e indulgencias por los Sumos Pontífices dadas a todos los que acompañaren y sirvieren al dicho auto. Mándase pregonar por que venga a noticia de todos.

Si hoy el presupuesto se va en barras, escenarios, flores, macetas, bebidas, vasos de plástico o equipos de música, para aquella puesta en escena el Tribunal del Santo Oficio pagó por el carpintero que hizo el cadalso, por el lienzo del toldo que daría sombra, por el bordador que bordó el escudo con cruz, rama de olivo y espada que decoraba el dosel que cubriría a los personajes ilustres que ocuparían las también pagadas sillas en terciopelo carmesí, así como los salarios de los guardas que guardaron el cadalso la noche mediante, la música de la víspera y del mismo día, la cera de los cirios, las arquillas donde se guardarían las sentencias, el almuerzo del día del auto, el pago al sastre que cedió su casa para alojar al Tribunal, el viaje del reverendo Padre Fray Alonso de Santo Tomás y las seis cargas de leña que arderían para los ejecutados. A estos gastos hay que sumar el gasto del cabildo municipal en una comida que ofreció aquel día.

Todo comenzó el domingo dos de mayo saliendo la procesión de la Cruz Verde con velo negro desde el convento de San Pedro (iglesia de San Francisco) hasta la capilla de San Acacio (actual Salón de los Mosaicos) y de ahí con un cortejo de hasta quinientas personas, la cruz se llevó hasta la Corredera (ojo, antes de la reforma que le dio el aspecto que tiene hoy) donde todo estaba listo y allí permaneció toda la noche rodeada de hachas ardientes. El día grande, lunes tres de mayo, empezó a las seis de la mañana con la procesión de los reos desde la sede del Tribunal (Alcázar de los Reyes Cristianos), yendo cada reo acompañado por dos familiares de la Inquisición, incluyendo aquellas efigies que representaban a los reos muertos y huidos y dos cajas de huesos, todo debidamente identificado con los nombres de cada reo para que no hubiera duda sobre el nombre de aquellos herejes. Asimismo, dicha procesión iba flanqueada por dos mangas de soldados que guardaban a los reos y separaban a la muchedumbre que se agolpaba para ver el espectáculo. Cerrando dicha procesión iban dos arquillas forradas de terciopelo que albergaban las causas de los presos y llevadas por familiares de la Inquisición. Llegaron a la plaza de la Corredera y ya sólo faltaba que llegaran los miembros del Tribunal, y por haber, hubo hasta cuatro Grandes de España que asistieron al acto. Se leyeron sermones y las sentencias de 88 herejes, a saber: 3 bígamos, 4 hechiceras, 3 fautores, 9 penitenciados, 44 reconciliados, 5 relajados en persona, 3 relajados en efigie por haber muerto con anterioridad, y 17 estatuas de fugitivos. El brazo secular (el corregidor y los ministros de justicia correspondiente) llevó a los reos que serían ejecutados (relajados) a las afueras de la Puerta de Plasencia en el Marrubial. A cuatro de los que aún seguían vivos se les dio garrote antes de arder en la hoguera y el quinto, Manuel Núñez Bernal, portugués, original de Almeida, vecino de Écija, de 43 años, por judaizante pertinaz, fue quemado vivo. Para las ocho de la tarde todas las sentencias habían sido leídas y la misa terminada. La Cruz Verde se desveló triunfal y los penitentes sostuvieron cirios que representaban los del bautismo como símbolo de la fe, llama que se esperaba que no volviera a apagarse en ninguno de ellos.

Al día siguiente, martes, la cruz volvió al convento de San Pedro, los reos condenados a cadena perpetua (que no era tal) pasaron a manos del alcaide de la penitenciaría, y a las dos de la tarde los condenados a azotes realizaron otra procesión precedidos de pregonero para que todo el que quisiera se pudiera enterar y el verdugo llevó a cabo el castigo correspondiente delante de divertidos asistentes.

Cuando a día de hoy escuchas a algunas personas decir que la gente ya no sabe divertirse, o que la gente no se divierte como antes, indudablemente, hay que darles la razón.

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