El emir cordobés que luchó contra los vikingos

La incursión vikinga en Al-Andalus

Por todos es conocido el afán conquistador del pueblo vikingo, pero lo que casi con toda seguridad desconocíamos, es que el día 11 de noviembre del año 844, el cuarto emir Omeya, Abderramán II, evitó el asedio por parte del pueblo escandinavo a Al-Andalus.

El ataque vikingo

Todo comenzó en agosto del citado año, cuando alrededor de unos cincuenta barcos vikingos arribaron a la zona cantábrica, saqueando y arrasando todo lo que encontraron a su paso. La misma acción llevaron a cabo en Lisboa, de donde zarparon bordeando el océano Atlántico y llegando a Cádiz. Encontraron el cauce del Guadalquivir y se adentraron aguas arriba, a sabiendas de las riquezas con las que contaban los habitantes de aquellas tierras.

Como era habitual en todas y cada una de las incursiones que los vikingos realizaban a aquellos territorios que descubrían, no sentían ningún reparo en aniquilar a todo aquel que se cruzaba en su camino. Durante una semana, los vikingos estuvieron arrasando y aniquilando a la población de Sevilla. En sucesivas semanas llegaron a la ciudad de Córdoba hasta que Abderramán II fue conocedor de lo que estaba ocurriendo y ordenó formar un potente ejército para repeler la incursión escandinava.

La batalla de Tablada

Fue en la batalla de Tablada (en el siglo IX pueblo y actualmente barriada de Sevilla), donde el ejército del emir Omeya logró aplastar a los invasores. Fueron en torno a unos 1000 los muertos, una treintena de naves reducidas a cenizas y alrededor de 400 los prisioneros.

Consecuencias y reconstrucción

El resto de la flota vikinga decidió volver por dónde había venido y el emir llevó a cabo toda una labor reconstructiva de aquellas poblaciones que fueron destruidas por los piratas, tales como Carmona o Coria del Río. De hecho, aquellos que fueron hechos prisioneros poblaron esas poblaciones de nuevo, no sin antes haber sido convertidos al islam. Llevó a cabo también toda una reconstrucción de murallas y afianzó aquellas que no habían sufrido daños.

No obstante, los vikingos volvieron a asediar otras zonas de la Península Ibérica en sucesivas ocasiones, hasta que en el año 971 ese asedio fue frustrado y la flota vikinga completamente aniquilada, ya que el Califa Al-Haken II los interceptó evitando que tocaran tierra.

Abderramán II
Reproducción de barco vikingo navegando

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