Arte en Córdoba

Guías expertos e historiadores

Entrada al recinto incluida en el precio

Mejor valorado en guías

Blog cultural Artencórdoba

“Colgarle un sambenito a alguien”, “cargar con un sambenito”, o “no quitarse el sambenito de encima” son expresiones en las que sin que nadie nos haya explicado el por qué, con el uso y la costumbre, hemos aprendido que ese dichoso sambenito, sea lo que sea, es algo malo, algo que a uno le adjudican sin ser cierto y que además tiene connotación negativa o indeseada por el que lo sufre. Y detrás de esa expresión se encuentran los tres siglos y medio y un poquito más que duró el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en España (1478-1834). Estas expresiones tienen su origen en que muchos de los reos que pasaban por el Tribunal, una vez juzgados, debían portar dicho sambenito, que era un escapulario en el que podía aparecer su nombre, el delito por el que era juzgado y la pena a la que se sometería. Llevar este sambenito no se limitaba al momento de la sentencia, sino que, en ocasiones, el penitente debía llevarlo el tiempo que durara su condena como símbolo de escarnio público o, en caso de haber sido ejecutado, el sambenito se colgaba en la parroquia o en la iglesia mayor de donde había sido vecino el reo para que la infamia perdurara más allá de la muerte e incluso persiguiera a los descendientes del desdichado.

Detalle de Auto de fe en la Plaza Mayor de Madrid 1680, Francesco Rizzi (fuente https://madridamiles.wordpress.com/tag/auto-de-fe/)

Así que sí, el sambenito no era sólo un escapulario sino que la infamia y el desprestigio social lo llevaban de la mano. Y de este modo, a base de colgar sambenitos, la Inquisición española acabó ostentando el suyo propio: ser conocida como una de las instituciones más temibles, oscuras, crueles y despiadadas, si no la que más, que la Humanidad haya conocido jamás (hasta el siglo XX por lo menos). Curas, monjes, hogueras, tortura, judíos, autos de fe, espectáculo, persecución, oscuridad y terror son conceptos que conforman ese sambenito que la llamada leyenda negra le acabó tejiendo. Sin embargo, ni en esta entrada ni en las dos próximas semanas me dedicaré a comparar nuestra Inquisición con otras instituciones similares para ver cuál es merecedora de dicho sambenito. Lo único que pretendo es arrojar algo de luz sobre ella a pesar de que llegara a ser temible y se sirviera de ello.

Leer sobre la Inquisición es apasionante. Aprender sobre ella y acudir a los documentos que nos narran aquella realidad nos hace descubrir otra totalmente desconocida. Conforme uno avanza, la tenebrosa imagen que se tiene de ella se va modificando, sin perder cierta oscuridad, eso sí, hasta descubrir lo compleja, burocrática y estudiada que era la maquinaria inquisitorial al tiempo que se aprende acerca de aspectos sociales y el contexto en el que se ejercía. Dicho esto, maticemos ciertas ideas.

-La Inquisición (a secas, sin nacionalidad) fue un tribunal eclesiástico que surgió para combatir la herejía en el seno de la Iglesia Católica.
-La Inquisición no es un invento español: aparece en Francia en el siglo XII. Todos los países europeos acabaron teniendo su propia Inquisición y en ese afán de combatir la herejía, cada país luchó por demostrar que era más católico que sus vecinos.
-La diferencia entre nuestra Inquisición y el resto, es que, en nuestro caso, el rey tenía mayor poder sobre ella por el hecho de poder proponer a los inquisidores generales (tarea de la que se ocupaba la Iglesia en el resto de países), lo que ciertamente hizo de ella una herramienta más al servicio de la Corona.
-La Inquisición española, por tanto, juzgará a cristianos por asuntos heréticos, por lo que todas sus víctimas formaron parte de la Iglesia Católica. Éstas comprendían desde judaizantes (judíos convertidos al cristianismo que en la intimidad de sus casas seguían profesando el judaísmo) hasta blasfemos que mencionaban a Dios en vano, pasando por bígamos, brujas o curas solicitantes (aquéllos que aprovechaban el sacramento de la confesión para incitar a prácticas obscenas o sexuales a los penitentes). El abanico era tan amplio que en la Corona de Aragón también se incluía la sodomía y el bestialismo como delitos contra la fe.

Sambenito de Antonio Gabriel de Torres Ceballos (fuente: www.juntadeandalucia.es/cultura)

-La tortura estuvo al servicio del Tribunal aunque no se llevó a cabo tanto como nos imaginamos (e incluso se estipularon límites sobre su uso) y, contra todo pronóstico, los métodos de tortura sólo eran tres: la toca, el potro y la garrucha. La toca era un embudo de tejido que se colocaba en la boca del reo y se dejaba correr el agua de una jarra hasta que llegaba al estómago; el potro consistía en un caballete sobre el que el acusado era atado con cuerdas y a éstas se les iban dando vueltas haciendo que se clavaran en la carne; y la garrucha era una polea de la que pendía una cuerda a la que se ataban las muñecas de los presos, se les izaba y se les dejaba caer.
-Los inquisidores no serán siempre dominicos o sacerdotes con simple formación teológica. Fueron juristas de carrera y formados funcionarios de estado, por lo que en muchas ocasiones ser inquisidor será un escalón más en la carrera profesional de aquéllos. Sus conocimientos, además, harán que no abusen de la tortura para obtener confesiones (eran conscientes de la poca fiabilidad del tormento) y pondrán de manifiesto el complejo proceso que se llevaba a cabo para cada caso (no en vano inquisición viene del latín inquisitio, investigar) y hacía de la Inquisición uno de los tribunales con mayores garantías de la época.
– Los autos de fe consistían en la lectura de las sentencias nombrando reos, delitos y penas, con gran carácter escenográfico, por lo que los más destacados se celebraban en las plazas mayores o principales con un fin ejemplarizante y celebrar la victoria de la fe católica.
– Las penitencias para los condenados serán también variadas, al igual que los delitos, desde la hoguera, hasta ir a misa, pasando por multas, exilio, latigazos, galeras o prisión.
– Las ejecuciones las llevaba a cabo el brazo secular, o sea, los tribunales civiles ordinarios.

A estas notas, quisiera añadir que el nivel de intensidad de la actividad inquisitorial no se mantuvo durante los siglos, sino que los momentos más oscuros se concentraron a principios del XVI (los que darán pie a dicha fama).

Pero ¿qué tiene que ver este artículo con nuestro blog y Córdoba? Mucho. Nuestra ciudad fue testigo directo de esta realidad y siglos después, sin ser conscientes de ello, seguimos paseando y visitando lugares clave como el Alcázar de los Reyes Cristianos, que fue sede del Tribunal (1492-1821), la Plaza de la Corredera, espacio privilegiado para solemnes autos de fe, o el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral donde pendieron algunos de aquellos sambenitos hasta hacerse jirones y caer en el olvido.

Vista de la torre campanario desde la galería este del Patio de los Naranjos

[magicactionbox id=”11191036″]

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Más info

aceptar