Arte en Córdoba

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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

Me atrevería a decir sin error a equivocarme que en Córdoba no nos suelen gustar algunos cambios, más concretamente los arquitectónico-artísticos que rompen con estéticas tradicionales o sobradamente conocidas. Para muestra un botón, o un par de ellos: el comúnmente conocido como hotel oxidado o Palace, el también oxidado puente de Miraflores, incluso la última restauración del Puente Romano, o cuando hace treinta años reformaron el Bulevar y las farolas fueron comentadas. Y contra todo pronóstico, en una ciudad donde no encajamos con facilidad dichos cambios, se fraguó un grupo vanguardista a finales de la década de los cincuenta del pasado siglo, el Equipo 57.

En el año 1957, un grupo de artistas españoles que vivían en París, entre trabajo y trabajo de brocha gorda para ganarse la vida, acabaron montando una exposición en el Café Rond-Point a menos de cincuenta metros del Café Montparnasse, donde la Escuela de París exponía. Esta exposición que bien podría haber pasado desapercibida y que pretendía romper con las normas establecidas del negocio del arte de la época, acabó teniendo buena aceptación incluso entre el público que acudía al café de la competencia, digamos, tradicionales. Aquella exposición se compuso de veinte obras además de dibujos explicativos sobre su teoría plástica, que más tarde acabaría formulándose como “Interactividad del espacio plástico”.

¿Qué es eso de la interactividad del espacio plástico? ¿Y qué tiene que ver esto con Córdoba? La segunda pregunta es más sencilla de responder así que empezaré por ahí. A la vuelta de París, en el verano de 1957, el grupo se asentará en Córdoba, y aunque en un principio varios artistas colaboraron y entraban y salían de la formación, los integrantes definitivos del denominado Equipo 57 serán José Duarte, Juan Serrano, Juan Cuenca, Ángel Duarte y Agustín Ibarrola, siendo los tres primeros cordobeses, y cacereño y bilbaíno los dos restantes respectivamente. Y trabajando en grupo, y hasta llegando a convivir en un chalé alquilado en la sierra, fueron sacando adelante obras y, a raíz de ellas, configuraron sus manifiestos teórico-artísticos. Y llegados a este punto sobre dichos manifiestos el más destacado fue el ya comentado sobre la Interactividad del espacio plástico. Pido perdón a aquéllos que estén leyendo esta entrada y sepan más del tema que yo, pero sinceramente, no creo que sea fácil de explicar. Yo lo definiría como una serie de enunciados que estipulan la relación entre los colores y formas que conforman una obra pero cuyo fin no es convertirse en reglas a seguir sino que son reglas que se desprenden de la obra. O sea, primero fue la obra y luego las reglas. Uno de esos primeros enunciados, reglas o definiciones es: “la unidad se establece desde el momento en que dos espacio-colores activos estén en comunicación con los límites de la obra. La actividad viene expresada por el valor de sus límites que son los que determinan su posición”.

Interactividad Cine I (A-18). Gouache sobre papel, 33,5x45cm, 1957. Museo Reina Sofía (https://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/interactividad-cine-i-18)

Más allá de que lo entendamos o no, de que seamos capaces de digerirlo o no, ante todo debe quedar muy claro que este grupo de artistas, pintores, escultores y arquitectos, buscaban unas leyes estrictamente científicas para su producción artística. Pretendían desmitificar el concepto tradicional del arte, y negaban el carácter individualista de sus creaciones, de ahí que trabajaran en grupo, que las obras no se presentaran como autoría de uno de los integrantes sino del equipo en sí, y de hecho, en 1960, no llegaron a exponer ninguna obra en la Bienal de Arte de Sao Paulo a pesar del interés mostrado por los organizadores ya que éstos sólo buscaban a algunos de los artistas integrantes del grupo y esto iba en contra de los principios que representaban.

Estuvieron en activo colaborando en común hasta 1961 y sus obras comprenden pintura, escultura y diseño industrial. Son obras que, intentando seguir esas leyes estrictamente científicas, representan un arte objetivo que no busca ser expresivo ni sentimental y que, sobre todo, es experimental. Así que los animo a adentrarse en el mundo de este arte vanguardista que se desarrolló en nuestra ciudad y que fue internacionalmente conocido. Y es tan fácil como ir al Parque de Miraflores y admirar la escultura que lo preside, el Salam, diseño del Equipo 57, y que según desde donde lo veamos genera unas formas u otras.

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