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«El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras»

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En esta entrada hablaremos de este ilustre personaje cordobés que adorna una de las plazas más céntricas de la ciudad: «El Gran Capitán«. Dada la vasta historia de tanto su vida como el monumento erigido en su honor esta entrada estará dedicada al monumento y las posteriores se dedicarán a su vida y sus andanzas bélicas. La historia comienza ya a finales del siglo XIX, momento en el cual, el ayuntamiento ya comenzaba a plantearse la necesidad de dedicarle una estatua en la ciudad. Los primeros movimientos van unidos a los comienzos de la que es hoy una de las grandes avenidas con las que contamos, la Avenida del Gran Capitán.

Este proyecto se queda en un principio sólo en eso, en un proyecto. La idea es planteada de nuevo a comienzos del siglo XX con la cercanía del IV centenario de su muerte. Se sugiere realizar una suscripción popular para financiar su realización, lo que se acepta de buen grado por la comisión organizativa del proyecto que es ofrecido al artista Mateo Inurria. Pero la suscripción popular consiguió mucho menos de lo presupuestado, a pesar de que los trabajos de cimentación de la escultura ya habían empezado. El primer emplazamiento fue la intersección entre la primera fase del bulevar del gran capitán y la avenida de Canalejas, lo que hoy se conoce como la avenida Ronda de los Tejares.

Imagen de la ubicación original de la estatua (1925)

Los problemas económicos harán que, aunque la realización del monumento comienza en 1915, no se inaugure hasta 1923. Debido a los cambios urbanísticos que el arquitecto Félix Hernández obra en la ciudad, incluyendo la avenida Ronda de los Tejares, la figura se traslada a la plaza de las Tendillas en 1927. Este cambio contó con la oposición de todos los vecinos de la zona.

La mayor parte de la figura esta realizada en bronce a excepción de la cabeza, que se encuentra tallada en mármol blanco. Muchos cordobeses creen que esto se debe a que Mateo Inurria plasmó en el rostro de esta composición los rasgos del torero cordobés “Lagartijo”. Esto no es más que una leyenda, desmentida por el trabajo entre otros del profesor del área de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras, D. Ramón Montes. El basa su razonamiento en que no existen datos a este respecto y en que el hecho de que este realizada en otro material es porque el artista prefería trabajar en ese material para plasmar sus rasgos faciales y así contrastar con el resto de la composición.

Seguimos hablando del Gran Capitán en los siguientes artículos:

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