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“El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras”

manos1En la entrada de hoy hablaremos de la tortuosa relación entre la poetisa Wallada y el poeta Ibn Zaydun. El recuerdo a esta historia de amor lo encontramos alzado en lo que se conoce como el Campo de los Santos Mártires, lugar donde los cristianos eran martirizados en época musulmana. El pequeño templete resguarda las manos de ambos amantes que apenas si se están rozando. Bajo las manos podemos leer un fragmento de dos poemas, uno que ella le dedico a él y otro que él le dedico a ella, ambos escritos en castellano y en árabe.

Wallada fue hija de un califa omeya y de una esclava cristiana. wallada--478x270Las crónicas nos la describen como una mujer rubia de ojos azules y piel clara. Cuando su padre falleció era la única heredera. Con los bienes que recibió, abrió una escuela en la que formaría a niñas de buena familia. Este lugar era también punto de encuentro para los poetas y literatos del momento. Fue una mujer increíblemente inteligente y alejadas siempre de los convencionalismos del momento. Entre otras cosas acudía a competiciones organizadas para terminar poemas inacabados, lugares sólo regentados por hombres y lo hacía sin llevar velo.

IBN-ZAYDUNLlevaba bordados en su ropa los versos que ella misma componía, lo que le granjeo los odios del sector más integrista de la sociedad del momento. En una de esas competiciones fue en la que conoció a su gran amor: el poeta Ibn Zaydun. Ella tenía 20 años. Su historia de amor siempre estuvo marcada por el hecho de que el poeta perteneciera a un clan rival de los omeyas, aquel al que pertenecía la princesa.

Los nueve poemas que ella compuso sobre su historia reflejan muy bien la evolución de la misma: Los dos primeros reflejan los celos, la añoranza y los deseos de encontrarse; otro la decepción, el dolor y el reproche; los cinco siguientes estarán cargados de reproches por las infidelidades de Ibn Zaydun con una esclava negra e incluso con amantes masculinos; el ultimo relatara su libertad y su independencia. La princesa nunca le perdonó sus infidelidades. Zaydun se exilió a Sevilla y la princesa acabó entregándose al principal rival del poeta hasta que falleció.

En el templete se recogen los siguientes fragmentos:

“Tengo celos de mis ojos, de mi toda,

de ti mismo, de tu tiempo y lugar.

aun grabado tú en mis pupilas,

Mis celos nunca cesarán”                                                                 Wallada

 

“Tu amor me ha hecho célebre entre la gente.

Por ti se preocupan mi corazón y mi pensamiento.

Cuando tú te ausentas nadie puede consolarme.

Y cuando llegas todo el mundo está presente.”                               Ibn Zaydun

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