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Desde el medievo, Córdoba ha sido un centro sobresaliente en lo que a producción de plata se refiere, destacando incluso a nivel europeo. Así, desde finales de la Edad Media, Córdoba va a contar con un gremio de plateros congregados bajo la Hermandad o Cofradía de San Eloy, patrón de los plateros. Todo aspirante a platero debía pasar por tres niveles: aprendiz, oficial y maestro, a los que se accedía a través de exámenes y deberes impuestos por el maestro. Hoy, sigue existiendo este organismo, al igual que la joyera sigue siendo una de las principales fuentes de ingresos de Córdoba.En general, después del oro, la plata es el material más estimado por sus propiedades: maleabilidad, homogeneidad, etc. que, trabajándola con buriles, cinceles, cortadores, estampas… permite realizar bellos objetos de orfebrería, a lo que se le suman los adornos de piedras preciosas o los esmaltes que también suelen incorporar. Esto da pie a objetos lujosos, ideales para hacer alarde de poder.

Sin embargo, es curioso como en el siglo XVII, ante la caída del Imperio español con la monarquía de los Austrias, las obras de platería empezarán a reducir sus motivos iconográficos, al igual que se intentará disminuir los costes con la introducción del bronce, lo cual da cuentas de la llegada de un periodo más austero. Aun así, se continuará la línea establecida en el siglo XVI, con la realización de piezas ligadas fundamentalmente a la liturgia: cálices, custodias y piezas de culto como fuentes, jarros, platos, etc.

Durante este siglo XVII, en un primer momento las obras denotarán un claro estilo manierista que continuará incluso en la segunda mitad, aunque dándole paso también al Barroco: más riqueza, colorido, uso de elementos vegetales, etc. Son más de veinte los artífices que trabajaron en esta época, cuyo nombre sabemos gracias a las piezas que han llegado hasta nosotros punzonadas.

Custodia procesional de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción y Ángeles de Cabra. Extraída de: MORENO CUADRO, F.: Platería cordobesa, Córdoba: Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Córdoba, Obra Social y Cultural, 2006.

El punzón es un instrumento de acero gracias al cual los plateros dejan estampada una marca concreta sobre el metal. En Córdoba se dan tres tipos: punzón con la sílaba COR (tipo A), punzón con forma de escudo con la silaba COR y un león (tipo B), así como la forma de león encerrada en un escudo u orla (tipo C). El primer tipo se da en el siglo XVI mientras que los otros dos aparecen desde el siglo XVI hasta el XVII. En menor medida, encontramos también punzones particulares de plateros.

Destacarán nombres como Pedro Sánchez Luque (1567-1640), autor de la custodia procesional de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y Ángeles de Cabra, una obra de las primeras décadas del siglo XVII, compuesta por dos cuerpos y rematada por la figura de Jesús Resucitado. Cabe resaltar igualmente la figura de Martín Sánchez de la Cruz (1586-1632), autor de la gran lámpara del presbiterio de la Catedral de Córdoba, realizada en 1629. Otro ejemplo es Pedro de Bares (1585-1649), platero mayor de la Catedral de Córdoba.

En definitiva, la platería es una seña de identidad de la ciudad, una tradición que aún hoy continúa, siendo transmitida de padres a hijos. Hemos comentado algunos aspectos del siglo XVII, continuando así con el periodo que tratamos en el artículo anterior. Posteriormente, durante el siglo XVIII, los talleres de plata crecerán y se volverán incluso más activos, creando piezas de gran belleza que nos hablarán de una nueva etapa: el arte Rococó.[magicactionbox id=”11191036″]

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