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“El patrimonio es el legado que recibimos del pasado, aquello que vivimos en el presente y lo que transmitimos a generaciones futuras”

Aunque ya tenemos constancia de la existencia de un espacio sin urbanizar en el lugar que ocupa hoy día la Plaza de la Corredera desde época islámica, las primeras menciones a su actual nombre provienen del siglo XIV, cuando ya era notorio su uso como centro comercial, cuya importancia continuó creciendo durante el siglo XV.
Con la llegada del siglo XVI, la plaza irá ganando peso dentro del urbanismo cordobés gracias a su, aún hoy, privilegiada situación en el centro de la ciudad, siendo en estos momentos cuando la plaza alcanzará su estructura actual gracias a la reforma de la misma que verá su visto bueno en 1559.

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Limites de la plaza antes (rojo) y después (negro) de la reforma del siglo XVI

De manera coetánea, se elegirá la plaza para la instalación de varios edificios institucionales como el Pósito, las Casas Consistoriales y la cárcel, lo que supondrá, junto con el permiso obtenido por Carlos V para la celebración de un mercado los viernes, la definitiva conversión de la plaza en el auténtico centro de la ciudad, que atrajo, a su vez, gracias además de a su situación, a su gran aforo, la mayor parte de los espectáculos populares, entre los que cabe remarcar, las corridas de toros.

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Juan de la Corte. Plaza Mayor de Madrid. Siglo XVII. Museo Municipal. Madrid.

No es demasiada la información que nos ha llegado acerca de la tauromaquía en estos momentos, sirviendo como referencia las palabras que dedicó Marie Catherine d´Aulnoy tras sus viajes por España en tiempos de Carlos II que nos permiten conocer detalles como su alto coste, que tendía a costearse con dinero recaudado mediante multas, y reservado para este fin, o la preparación del coso, que en Madrid consistía en el cierre de la plaza mediante un burladero temporal de la altura de un hombre y se recubría del suelo de la plaza con albero, una vez que los animales que se iban a lidiar habían descansado.

Sobre la costumbre en nuestra ciudad, sabemos de buena tinta que la apertura de la plaza por la actual Calle Sánchez Peña, forzó a la situación del burladero occidental en dicha bocacalle, y que la presidencia, realizada desde el balcón de la Casa Consistorial, no estaría bien centrada. Sobre la calle toriles, es de conocimiento popular su función, para conducir a los animales a la lidia, realizándose la corrida a lomos de caballos, hasta principios del siglo XVIII. Era la fiesta de mayor aclamación por parte de los españoles, hasta tal punto, que el propio Felipe II hizo caso omiso a las palabras de Sixto V cuando, cuando en 1567, en la bula “Salutate regis” dijo sobre las corridas “Estos espectáculos tan torpes y cruentos, más de demonios que de hombres…Quedan abolidos en los pueblos cristianos. Prohibimos bajo pena de excomunión a todos los príncipes, cualquiera que sea su dignidad, lo mismo eclesiástica, que laical, que asistan a tales espectáculos” alegando que estaban en la propia sangre de los españoles.

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Grabados de espectáculos taurinos en la Plaza de la Corredera

Aunque no sería correcto catalogarlo junto a espectáculos festivos como las corridas, la Plaza de la Corredera alojó también otros compromisos sociales, como lo eran los Autos de Fé que se celebraban en la plaza sobre un patíbulo de madera, para facilitar la observación de los hechos, y que tenían su fin junto a la Muralla del Marrubial, ya fuera de los muros de la ciudad, donde, tras la procesionar, el reo recibía el castigo elegido por los jueces.

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Representación de un auto de fé acontecido en el siglo XVIII en base a los escritos de Antono Gabriel de Torres Zevallos.

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