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Tal día como hoy, 15 de septiembre, pero del año 1862, Córdoba se despertaba engalanada con motivo de la visita que la reina Isabel II realizaba a la ciudad.

La familia real (Isabel, su esposo el rey consorte Francisco de Asís de Borbón, el príncipe -futuro Alfonso XII- y la infanta Isabel) habían llegado a tierras cordobesas la tarde anterior. A fin de reposar tras el viaje antes de la entrada oficial que marcaría el comienzo del apretado programa de actos, homenajes y visitas que le esperaban en Córdoba, el Ayuntamiento había dispuesto un elegantísimo pabellon en que competian el buen gusto con la grandeza*, dotado de jardines, cocinas y más de 10 estancias para los Reyes, sus hijos y demás miembros de la comitiva.

pabellón choza del cojo

Pabellón dispuesto para que la familia real descansara antes de su entrada en Córdoba, en la Choza del Cojo**

viaje de la reina-detalle

Recorrido de la reina por las calles de Córdoba desde Puerta Nueva, por donde entró, hasta el Palacio del Obispo, donde se alojó.

La agenda real dio comienzo el día 15 con la visita a la Catedral donde asistieron a misa después admiraron las raras bellezas de esta antigua mezquita, que ha recibido en el espacio de mil años de manos del hombre las galas artísticas ideadas por la mayor parte de las escuelas conocidas.

Casa de expositos

Fachada del Hospital de San Sebastián, Casa de Expósitos, actual Palacio de Congresos.**

Concluida la visita, pasaron a la Casa de Expósitos -actual Palacio de Congresos-. Se dio el caso que en ese momento abandonaron a una criatura. Por supuesto, se apresuraron a bautizarlo, sosteniendo a Rafael Francisco de Asís María -que así lo llamaron- la propia infanta Isabel. Casualidad o no, gracias a esto, el niño tendría su futuro asegurado por la propia Administración de la Casa Real.

La tarde comenzó con un besamanos y audiencia, que les hizo llegar tarde a la corrida de toros que se había organizado en su honor. Esta empezó por orden real, y cuando llegaron, quedó todo interrumpido por los más de 15 minutos de ovación que las gentes les dedicaron.

El último acto del día fue la visita al Campo de la Victoria, donde se celebraba una feria semejante á las que en aquel sitio suele haber en otra época del año, pero con «aumento extraordinario en el brillo de sus adornos y decoraciones.

Se dispuso para la familia real una gran tienda con galerías y balcones […] , con gabinetes de descanso y tocadores, […] con rico mueblaje, con elegantes tapicerías sujetas por molduras doradas, con todos los refinamientos, en fin, de la elegancia y el lujo*. Allí, recibieron nuevamente ovaciones, ofrendas florales, y danzas. El cronista del viaje cita el Patatú de Obejo, que debió llamarle la atención pues es el único que nombra. Se trata de una danza con espadas cuyo origen está en el siglo XVI y que se baila en honor a su patrón San Benito.

El día 16, algo más tranquilo, se desplazaron a la ermitas, donde les recibieron cantando un Te Deum. En el camino de vuelta, descansaron en una finca de la zona: por supuesto, más danzas y música les acompañaron hasta el edificio principal. Tras las audiencias de la tarde, con ofrendas y poemas, decidieron dar por terminado el día y ir a la feria. Pero como el Ayuntamiento había organizado unos fuegos artificiales, estos se trasladaron al Campo Santo de los Mártires -frente al alcázar-, para que pudieran contemplarlos desde el palacio.

Debían partir para Sevilla al día siguiente, pero la indisposición que el rey sufría desde que salieron de Madrid el 12 de septiembre motivó que el 17 también permanecieran en la ciudad. Aprovechó la reina para visitar hospitales, la iglesia de San Rafael y la Colegiata de San Hipólito, por estar allí enterrados los reyes Fernando IV y Alfonso XI. Dada la costumbre, allí la esperaban preparados para abrir las tumbas si la reina quería verlos. No obstante, no fue necesario: a la reina no le gustaba que se perturbarse la paz de los muertos.

Finalmente, salvas de artillería anunciaron la mañana del 18 de septiembre que la comitiva partía hacia Sevilla, que impaciente esperaba a la reina. El día anterior había mandado un mensaje donde se decía que han entrado más de 50.000 personas de los pueblos, llenas de gozo, para ver á S. M.*

monumento conmemorativo ante puerta nueva

Arco conmemorativo de la visita de la reina levantado ante Puerta Nueva, que desde ese momento y hasta 1868 se llamó de Isabel II**

Como en todas las ciudades, allí le esperaban más recepciones, homenajes, danzas y ovaciones de su pueblo. No duraría mucho: 6 años después, Isabel II fue destronada y hubo de abandonar España tras la Revolución de 1868, y los homenajes fueron retirados. Aquella puerta y calle por las que la reina había entrado en Córdoba, dejó entonces de llamarse “de Isabel II”.

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*Crónica del viaje de sus Majestades y Altezas Reales á Andalucía y Murcia en septiembre y octubre de 1862, Fernando Cos-Gayón. [disponible online]

**Recuerdos fotográficos de la visita de SS.MM. y AA.RR. á las provincias de Andalucia y Murcia en Setiembre y Octubre de 1862, de Charles Clifford [disponible online]

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