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Por todos es sabido que la Córdoba romanaColonia Patricia Corduba– contó, desde mediados del siglo I d.C., con uno de los mayores anfiteatros del Imperio (podía albergar unas 50.000 personas); un edificio que se mantuvo en uso hasta finales del III o inicios del IV. En la arena de este tipo de edificios se realizaban las luchas de gladiadores, los enfrentamientos con fieras salvajes, ajusticiamientos y batallas navales.

lucha

Antes incluso del hallazgo de tan enorme edificio ya sabíamos de su existencia gracias a la epigrafía. Por un lado, la inscripción del pedestal de una estatua de finales del siglo II d.C. habla de la celebración en Córdoba de espectáculos circenses y luchas de gladiadores (factis circiensibus, munere gladiatorio). En consecuencia, debía de existir un edificio a tal efecto. Por otro lado, desde los años ’30 del siglo pasado, se han encontrado una gran cantidad de lápidas de gladiadores. A estas últimas les vamos a prestar atención.

La colección cordobesa de inscripciones funerarias gladiatorias -16- es la mayor del occidente del Imperio sin contar la de la propia Roma. Todas ellas se encontraron en Ciudad Jardín, muy cercanas unas a otras, en el entorno del gran edificio de espectáculos. Esta concentración, unida a la similitud tipológica de las mismas, hace pensar a los especialistas que en esa zona de la necrópolis occidental cordobesa existiría un espacio reservado para este colectivo. Un espacio comprado por el collegium funeraticium de los gladiadores; es decir, una sociedad cooperativa en la que sus miembros pagaban una cuota fija que les permitía, al morir, contar con un espacio para ser enterrados y con una lápida digna.

Los combates de gladiadores se hacían en función de unas categorías. Cada tipo de gladiador tenía un uniforme concreto y unas armas características. Así, en Córdoba, contamos con información sobre mirmillones, tracios, esedarios y reciarios.

mosaico de Villa Borghese

Diversos tipos de gladiadores en un mosaico de Villa Borghese (Roma)

Los murmillos o mirmillones llevaban un casco decorado con un pez marino. Luchaban con la típica espada romana –gladius– y escudo. Conocemos los nombres varios gladiadores de este tipo:

ACTIUS CILII7,0353

Lápida de Actius. CIL2/7-353

Actius, murió a los 21 años; estaba casado y venció en seis combates.

Ampliatus, de origen sirio, murió a los 30 años y dejó tras de sí 33 enfrentamientos. Lo más curioso de este caso es que la lápida la dedicó su hermano, Studiosus, que también era gladiador, aunque en esta ocasión de tipo tracio.

Bassus fue otro mirmillón que, al igual que Actius, estaba casado (lo que indica que era un hombre libre). Este gladiador solo luchó una vez y venció en el combate pero debió morir a causa de las heridas.

No todos morían tras una larga carrera de éxitos. El griego Cerinthus, murmillo, solo había luchado dos veces cuando murió.

Los tracios lucían casco. Usaban una espada corta y curva de origen tracio conocida como “sica” y se defendían con un escudo de pequeño tamaño. Precisamente por este último dato, contaban con protectores en sus brazos y piernas. Los combates más habituales eran los que enfrentaban a los tracios con los mirmillones.

El thraex Amandus, que se había entrenado en el famosísimo Ludus Neronianus de Capua, debió ser un gran campeón ya que murió a los 22 años tras 16 combates en la arena.

ESSEDARIO. MOSAICO DE

Un essedario representado en un mosaico romano

El essedarius comenzaba el combate montado sobre un carro de dos ruedas (esseda) aunque siempre terminaba acabando la lucha a pie. Lanzas y espada corta eran su principal armamento. Para su defensa llevaban casco, escudo ovalado grande y protecciones en brazos y piernas.

El único essedarius conocido en Hispania fue Ingenuus, de origen germano, quien, tras aprender su profesión en el Ludus Gallicanus (en la Galia) murió a los 35 años contando en su haber con 12 victorias.

En Córdoba no sólo se organizaban combates, sino que era el lugar en el que se formaban los luchadores de Hispania, siendo, pues, la sede del Ludus Hispanus, la escuela oficial de gladiadores. De hecho, una de las inscripciones estudiadas habla de un doctor retiariorum, es decir, de un maestro de reciarios (combatían con una red, un tridente y una daga. Sólo se protegían uno de los brazos). La presencia de un adiestrador de gladiadores, unida a otra serie de informaciones que manejan los especialistas, es la razón por la que se piensa que la ya mencionada escuela estuviera en nuestra ciudad.

DOCTOR RETIARIO CILII7,0360

Inscripción funeraria del profesor de reciarios. CIL2/7-360

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